Según Reuters, un alto cargo vinculado a la administración de Donald Trump asegura que la startup china DeepSeek habría entrenado su próximo modelo con chips NVIDIA basados en la arquitectura Blackwell, considerados la pieza clave más avanzada de la compañía para IA. El hallazgo, si se confirma, chocaría de frente con los controles de exportación estadounidenses.

Y aquí está el mecanismo incómodo: esas reglas no solo apuntan a chips “de IA”. También abarcan GPU (procesadores gráficos), los mismos que empujan videojuegos y que, por su potencia, pueden usarse para entrenar modelos. Ni DeepSeek ni el Departamento de Comercio de EE.UU. respondieron a pedidos de comentarios. NVIDIA también declinó hablar del caso.

Chris McGuire, exfuncionario del Consejo de Seguridad Nacional bajo Joe Biden, fue categórico: exportar chips de IA a China es peligroso porque, sostiene, algunas empresas chinas estarían “violando abiertamente” los controles. Y agrega una clave política: si ya se violan las reglas, es poco realista esperar que se respeten condiciones de uso, por ejemplo, para evitar apoyo militar.

Ahora bien, ¿cómo puede pasar algo así con productos tan controlados?

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Según el reporte, empresas chinas compran GPUs avanzadas en países vecinos que no tienen las mismas limitaciones y luego las reintroducen. Sale más caro, pero se paga el sobreprecio para no quedarse atrás. Y en IA, quedarse atrás no es una demora: es perder capacidades, talento e influencia.

¿Dónde estaría la “central eléctrica” del entrenamiento?

El alto cargo citado sostiene que esos chips Blackwell habrían sido agrupados en un centro de datos en Mongolia Interior. También afirma que DeepSeek intentaría borrar “indicadores técnicos”, huellas digitales que podrían delatar el uso de hardware prohibido. No se detalló cómo Washington obtuvo esa información ni el recorrido exacto de los chips.

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En paralelo, Estados Unidos ha ido ajustando su perilla regulatoria. En agosto, Trump abrió la puerta a enviar versiones recortadas de Blackwell a China, pero luego dio marcha atrás. En diciembre, se volvió a permitir la venta hasta un techo técnico: el NVIDIA H200, el segundo chip más avanzado. Las condiciones extra traban entregas y que, para China, el contrabando de Blackwell podría volver esas limitaciones menos relevantes.

El otro engranaje: “destilación” de modelos

Además del hardware, el reporte menciona otra palanca: la destilación (extraer capacidades de un modelo ya entrenado). El funcionario sugiere que el modelo de DeepSeek podría apoyarse en sistemas de Anthropic, Google, OpenAI y xAI. Anthropic, de hecho, acusó recientemente a DeepSeek y a otros desarrolladores chinos de destilar su modelo Claude a escala industrial.

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El resultado es una oportunidad y un riesgo al mismo tiempo. Por un lado, los modelos chinos ganan notoriedad pese a las barreras. Por el otro, las restricciones podrían acelerar que China fabrique sus propios chips y, a futuro, deje de querer hardware occidental, un escenario que podría golpear el dominio tecnológico de EE.UU.

Para el lector común, el efecto más concreto es este: la IA que llega a los productos cotidianos no depende solo de “ideas brillantes”, sino de acceso a energía de cómputo. Y cuando el interruptor oficial no alcanza, el sistema busca otros cables.

En esa casa global de la IA, el problema ya no es solo quién tiene la llave, sino quién controla realmente el tablero eléctrico.

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