El hallazgo no está solo en su cierre, sino en lo que revela sobre el negocio de la inteligencia artificial. Sora, presentado por OpenAI en febrero de 2024 como una app con aire de red social y un “potencial infinito para cambiar la industria del entretenimiento”, fue retirado pocos meses después de su apertura general en Android e iOS.

Además, la pieza clave es que la empresa no dio una explicación extensa. OpenAI se limitó a agradecer a los usuarios, prometer que preservaría los videos creados y señalar que quería centrarse en otras prioridades, como la robótica. Pero el mecanismo de fondo parece otro: alto costo, bajo retorno y demasiado riesgo legal.

OpenAI anunció el cierre de Sora en medio de polémicas por deepfakes

Sora funcionaba con IA generativa, un sistema capaz de producir contenido nuevo a partir de instrucciones humanas. En este caso, el usuario escribía una escena y la aplicación armaba el video. Después, la versión interna Sora 2 sumó recomendación algorítmica, es decir, un motor que decide qué mostrarte, y herramientas de interacción propias de una red social.

Sora para OpenAI fue el motor creativo porque era potente, pero el interruptor legal nunca quedó del todo resuelto. La plataforma permitía generar videos con figuras públicas o personajes protegidos. Y ahí aparecieron las alarmas: desinformación, uso indebido de imagen y posibles violaciones de copyright.

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El engranaje legal que trabó la promesa

No fueron dudas menores. La Motion Picture Association mostró su preocupación por estos usos, mientras productores y actores también expresaron reparos. El caso era más delicado que en el texto, porque aquí la IA no reorganiza palabras: reconstruye rostros, estilos y personajes reconocibles.

Análisis advierten que las compañías de IA están perdiendo entre 6 mil y 8 mil millones de dólares anualmente.

Incluso Disney había firmado un acuerdo cercano a los mil millones de dólares para usar más de 200 personajes en Sora y explorar contenido oficial con IA. Esa colaboración alimentó la idea de que el audiovisual tenía una nueva central creativa. Pero el cierre anuló esa oportunidad antes de que llegara a desplegarse de verdad.

Los números ayudan a entender el giro. Sora generó unos 1,4 millones de dólares, una cifra mínima frente a los 1.900 millones de ChatGPT en el mismo período. Al mismo tiempo, la empresa dueña de ChatGPT todavía no es rentable, pese a ingresos gigantes y gastos descomunales en infraestructura.

Según reportes financieros, OpenAI apunta a que la empresa sea rentable para 2030. Y en paralelo, quiere comenzar a cotizar públicamente en el cuarto trimestre del año actual. En ese contexto, sostener una app cara, polémica y difícil de monetizar luce menos como una apuesta y más como un lastre.

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Una señal para toda la industria

El caso Sora también expone algo más amplio. Otras firmas del sector, como Anthropic, admiten que sigue siendo complicado mantenerse al día sin generar pérdidas. Y distintos análisis advierten que las compañías de IA están perdiendo entre 6 mil y 8 mil millones de dólares anualmente.

Por eso, el cierre de Sora no parece un accidente aislado. Revela una verdad incómoda: la IA todavía deslumbra más de lo que factura. Y cuando el cableado legal y económico no acompaña, hasta la máquina más vistosa termina desconectada.

La oportunidad no desapareció. Solo quedó claro que, antes de cambiar Hollywood o tu teléfono, esta tecnología todavía necesita una instalación mucho más robusta.

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