Un estudio de Match Group, la empresa detrás de Tinder, Hinge y OkCupid, revela un hallazgo incómodo para la industria: el 47% de los solteros en Estados Unidos tiene una mirada negativa sobre el uso de la IA en las citas. La señal llega justo cuando las apps aceleran la incorporación de asistentes, recomendaciones y nuevas funciones basadas en esta tecnología.
No se trata de una reacción menor. El trabajo, hecho con 1.000 personas de entre 18 y 39 años, muestra que cerca del 40% rechazaría salir con alguien que use una app de “compañero” con IA. En mujeres de 18 a 24 años, ese rechazo sube al 51%. Al mismo tiempo, el mecanismo de fondo no es de rechazo total. El 64% reconoce que la IA sí puede ser útil dentro de la experiencia de citas. La clave, según revela el estudio, está en qué pieza del engranaje toca la tecnología y cuál debe seguir siendo humana.

Los solteros parecen tolerar que la IA sea un cableado de apoyo, no la central que toma decisiones emocionales por ellos. Es decir, sirve como asistente, pero deja de ser aceptable cuando intenta reemplazar la conexión real o volver artificial algo que debería sentirse espontáneo.
Esa tensión ya se ve en el mercado. Bumble lanzó Bee, un asistente de citas basado en IA. Además, Match Group viene aumentando su inversión en estas herramientas, al punto de haber desacelerado contrataciones. Incluso el CEO de Hinge dejó su cargo para crear una nueva app de citas centrada en inteligencia artificial.
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La industria no empezó de cero con esta ola. Las apps de citas ya usaban algoritmos de emparejamiento, sistemas que ordenan perfiles según afinidades, mucho antes del auge de la IA generativa, la tecnología capaz de producir texto, imágenes o respuestas nuevas. La diferencia es que ahora esas funciones son más visibles para el usuario.
Y eso cambia la percepción. Una cosa es que un sistema sugiera perfiles en segundo plano. Otra, muy distinta, es que redacte mensajes, converse por vos o simule intimidad. En ese punto, la herramienta deja de parecer un mapa y empieza a sentirse como un reemplazo. Los datos refuerzan esa idea. Solo el 12% de los jóvenes de 18 a 24 años usó una app de compañero con IA en los últimos tres meses. Y, entre quienes sí la probaron, apenas alrededor de un tercio buscaba una conexión genuina con el chatbot.

También hay un rechazo casi universal hacia las relaciones románticas con IA, en la línea de la película Her. La oportunidad tecnológica existe, pero el usuario no quiere que el sistema ocupe el centro del vínculo. Prefiere conservar el control de las interacciones que importan.
En la práctica, eso deja un mensaje bastante nítido para las plataformas. La IA puede ser útil para resolver lo difícil: elegir mejores fotos, escribir una bio más clara o sugerir respuestas cuando faltan palabras. Pero la chispa, la duda, el silencio incómodo y la emoción todavía son piezas que muchos no están dispuestos a delegar.
En un mundo lleno de asistentes inteligentes, el romance parece seguir defendiendo su territorio. La tecnología puede encender la luz del pasillo, pero la puerta del encuentro real, al menos por ahora, la sigue abriendo una persona.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.









