¿Cuántas veces una búsqueda cotidiana termina en una página que parece clara, ordenada y útil, pero deja una sensación extraña al terminar de leer? Ese mecanismo ya no es excepcional: la inteligencia artificial se convirtió en una pieza clave de la conversación pública en Internet.

Un estudio del Pew Research Center revela que el 10% de las páginas web en inglés analizadas muestra indicios significativos de haber sido escrito o editado con inteligencia artificial. La institución examinó casi medio millón de textos publicados durante los últimos cinco años, antes y después de la llegada de ChatGPT.

ChatGPT, lanzado por OpenAI en noviembre de 2022, aceleró una transformación que también impulsaron Gemini, de Google, y Claude, de Anthropic. Otro trabajo de investigadores del Imperial College y la Universidad de Stanford calcula que, a mediados de 2025, el 35% de los sitios web nuevos era generado o asistido por IA.

La clave está en distinguir ambas cifras. El 10% describe las páginas revisadas por Pew, mientras que el 35% se refiere a sitios recién publicados: una especie de nueva camada de la web, donde las máquinas ya tienen una presencia central.

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Una cañería digital que produce textos sin descanso

La expansión puede entenderse como una casa con una cañería nueva. Antes, cada artículo requería que una persona abriera la llave, buscara datos, escribiera y corrigiera. Ahora, la IA funciona como una tubería con presión constante: puede entregar miles de textos en poco tiempo.

El problema no es que la tubería exista, sino saber qué agua transporta y quién revisa que sea potable. Un sistema puede redactar una guía práctica, resumir documentos o traducir información. Pero también puede repetir errores, inventar detalles o llenar la red con contenido elaborado sin conocimiento real.

Para detectar esa intervención, Pew usó Open Pangram, una herramienta que busca huellas lingüísticas de la IA. No funciona como un corrector que marca una sola palabra sospechosa: revisa patrones estadísticos, es decir, repeticiones y combinaciones de palabras que aparecen con más frecuencia en textos producidos por máquinas.

Entre las señales visibles figuran expresiones como “adicionalmente”, “alinearse con”, “crucial”, “esencial”, “mejorar”, “profundizar” e “interactuar”. El uso recurrente de guiones largos también aparece como una pista. Sin embargo, los detectores más sofisticados observan la estructura completa de las frases, no solo esos interruptores evidentes.

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Por qué importa el origen de una página

El estudio se apoyó en Common Crawl, un repositorio que rastrea Internet desde hace casi dos décadas y reúne más de 300.000 millones de páginas. Esa base permitió comparar textos previos a ChatGPT con publicaciones posteriores, cuando el cableado digital cambió de velocidad.

Los resultados no se distribuyen de manera uniforme. En 2026, cerca de una de cada diez páginas con dominio .com presenta señales de IA. La proporción duplica a la de los dominios .org y es diez veces mayor que en .edu y .gov, donde ronda el 1%.

Este hallazgo no prueba que todo texto automatizado sea falso o inútil. De hecho, el trabajo de Imperial College y Stanford no encontró evidencia estadísticamente significativa de que una mayor presencia de IA reduzca por sí sola la precisión factual o la variedad de estilos.

La oportunidad para el lector está en recuperar un hábito simple: revisar la fuente, contrastar afirmaciones importantes y desconfiar de los textos demasiado genéricos. En una Internet con más tuberías automáticas, la atención humana seguirá siendo el filtro que ayuda a separar información útil de ruido.

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