¿Qué ocurre cuando una imagen parece salida de una galería, pero nació tras una instrucción escrita en una pantalla? La pregunta ya no es solo estética. También define quién puede reclamar que esa obra le pertenece y qué debe demostrar para obtener protección legal.
La Sala Especializada en Propiedad Intelectual del Indecopi rechazó el registro de tres imágenes generadas con inteligencia artificial: Viejo Callejón de un solo caño, Café del Lunes y Lomo Saltado en Taberna. El hallazgo administrativo marca una frontera concreta para quienes usan estas herramientas en procesos artísticos.
Las solicitudes habían sido denegadas en primera instancia y llegaron a apelación. Sin embargo, la Sala concluyó que no existían pruebas suficientes de una intervención humana sustancial en las versiones finales de las obras.
La pieza clave no fue determinar si el solicitante escribió indicaciones, eligió colores o retocó una imagen. El mecanismo central fue comprobar si esas decisiones podían verificarse y si demostraban una creación intelectual personal y original.
La diferencia entre usar una herramienta y delegar la creación
La inteligencia artificial puede entenderse como una cocina con muchos electrodomésticos. Una persona puede decidir los ingredientes, probar la salsa, cambiar el fuego y emplatar el resultado. En ese caso, el aparato ayuda, pero la receta conserva una huella humana reconocible.
El derecho de autor necesita identificar a la persona que sostuvo el “volante” creativo. Si el sistema entrega el plato terminado y no hay evidencia clara de las decisiones posteriores, resulta difícil saber qué parte nació de la mirada humana y cuál provino del mecanismo automático.

Eso fue lo que observó el Indecopi. El solicitante sostuvo que la IA funcionó como apoyo y que tomó decisiones sobre composición, perspectiva, iluminación, colores, texturas y selección de imágenes. También afirmó haber editado los resultados para llegar a las versiones definitivas.
Pero la Sala evaluó la información incluida en las propias solicitudes y consideró que faltaban elementos para comprobar el grado de participación humana. Tampoco encontró un control creativo sustancial sobre el resultado final.
En términos simples, no alcanzó con decir que se eligieron opciones dentro de la herramienta. Era necesario mostrar el cableado del proceso: qué se decidió, cuándo se intervino, qué se transformó y de qué forma esas elecciones dieron a cada imagen una identidad propia.
Qué cambia para quienes crean con inteligencia artificial
La decisión no prohíbe usar IA para producir arte. Tampoco establece que toda imagen creada con estas herramientas carezca de autor. La oportunidad sigue abierta cuando la tecnología funciona como pincel, cámara o programa de edición, y la persona puede acreditar su aporte creativo.
La diferencia está en la evidencia. Guardar bocetos, versiones previas, instrucciones de trabajo, ediciones posteriores y registros de decisiones puede convertirse en una pieza clave si el creador busca proteger una obra. No se trata solo de mostrar el resultado, sino de explicar el camino.

El Indecopi recordó que el derecho de autor protege únicamente creaciones intelectuales personales y originales surgidas de actividad humana. Por eso, los resultados producidos exclusivamente por sistemas automatizados, algoritmos (instrucciones que ejecutan tareas) o IA no pueden registrarse como obras protegidas.
La Sala declaró infundados los tres recursos de apelación y confirmó las denegaciones. Esta es la segunda y última instancia administrativa, aunque el solicitante todavía puede cuestionar la decisión por la vía judicial.
La regla deja una señal clara para el futuro: la IA puede encender luces en el taller creativo, pero para reclamar la obra alguien debe poder demostrar que también diseñó la casa.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.








