¿Qué ocurre cuando una canción nueva parece traer la voz de un artista conocido, pero ese músico nunca entró a un estudio? Para quien escucha una lista en el celular, la diferencia puede ser casi invisible. Para los artistas, en cambio, puede convertirse en una copia de su identidad.

Sony Music solicitó a las plataformas digitales la retirada de más de 260.000 canciones generadas con inteligencia artificial que, según denuncia, imitan sin permiso a figuras de su catálogo. Entre los nombres afectados aparecen Harry Styles, Adele, Britney Spears, Queen y Michael Jackson.

El hallazgo revela la escala de un conflicto que ya no parece aislado. Sony Music había enviado reclamos por más de 75.000 pistas un año antes de marzo de 2026, y a finales de ese mes la cifra ya superaba las 135.000 solicitudes.

La compañía no busca cerrar la puerta a toda la música creada con IA. La pieza clave, sostiene, es el permiso: una herramienta puede ayudar a producir una canción, pero no debería reproducir la voz o la identidad de una persona sin su autorización.

Estas grabaciones suelen conocerse como deepfakes musicales, material sintético que atribuye falsamente a una persona una voz, imagen o interpretación que no realizó. El mecanismo permite crear un tema que suena como si un cantante real hubiera participado, aunque nunca haya dado su visto bueno.

Una llave copiada para entrar a una casa ajena

La analogía doméstica ayuda a entender el problema. La inteligencia artificial puede funcionar como una cocina: ofrece utensilios para mezclar sonidos, ritmos y letras. Pero imitar la voz de un artista sin permiso se parece más a copiar la llave de una casa para usar una identidad que no pertenece a quien entra.

La voz no es solo un efecto sonoro. Es parte del cableado público de un músico: permite que el público lo reconozca, confíe en una grabación y asocie esa obra con su carrera. Cuando una canción falsa circula, ese engranaje puede confundirse.

Además, Sony advierte que algunas pistas denunciadas reaparecen después de ser retiradas. Es como sacar una caja de una estantería y descubrir que alguien la vuelve a colocar al día siguiente con otra etiqueta. Cada reaparición obliga a reiniciar el proceso de reclamación.

El volumen agrava la tarea de las plataformas. Deezer informó que durante junio de 2026 recibió cerca de 90.000 canciones completamente generadas con IA por día. En algunas jornadas, esas pistas representaron más de la mitad de los nuevos ingresos a su catálogo.

No todas esas canciones son imitaciones ni todas integran los reclamos de Sony. Sin embargo, el dato expone una oportunidad y, al mismo tiempo, un límite: supervisar ese caudal exige detectar qué creación usa herramientas autorizadas y cuál toma una identidad artística sin consentimiento.

En 2024, Sony ya había señalado que no autorizaba el uso de sus contenidos para entrenar, desarrollar o comercializar sistemas de IA sin un permiso específico. A la vez, participó en proyectos con música licenciada, una diferencia central entre la tecnología como herramienta y la tecnología como sustituto.

Las reglas que todavía faltan

En julio de 2026, Sony y otros grandes grupos musicales propusieron criterios para las listas oficiales. La idea es que las canciones hechas con IA puedan competir si proceden de servicios autorizados, tienen una contribución humana sustancial y no incluyen manipulación.

La discusión también llegó al Senado de Estados Unidos. Sony respalda la NO FAKES Act, una iniciativa para proteger la voz y la apariencia frente a réplicas digitales no autorizadas. El 18 de junio avanzó por unanimidad en el Comité Judicial, aunque todavía no se convirtió en ley.

Las más de 260.000 solicitudes no garantizan que todas las canciones hayan sido eliminadas definitivamente. Pero sí marcan una señal clara: mientras la música sintética llena las plataformas, el interruptor decisivo será saber quién tiene la llave para usar una voz humana.

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