Marc Vidal, economista y divulgador tecnológico español, advierte que directivos de OpenAI, Anthropic y otras compañías del sector estarían preparando en privado “el día después” de un gran ciberataque vinculado con IA. El hallazgo, difundido a partir de informaciones del sector, sitúa ese posible escenario entre los próximos seis y doce meses.
Según Vidal, la preocupación no se limita al robo de datos. Un ataque de gran escala podría afectar servicios financieros, la conexión a internet e incluso redes esenciales de electricidad y agua. Sam Altman, de OpenAI, y Dario Amodei, de Anthropic, quedarían en el centro de la conversación pública si la tecnología fallara fuera de la pantalla.

“Ejecutivos de OpenAI y Anthropic planean en privado el día después de un gran ciberataque de IA”, sostiene Marc Vidal.
La pieza clave es entender que la IA no necesita actuar como un robot autónomo para elevar el riesgo. Puede funcionar como un asistente veloz: ordena información, redacta mensajes convincentes, busca fallas conocidas y reduce el tiempo que un atacante necesita para probar distintas puertas de entrada.
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La tecnología no crea por sí sola el ataque, pero puede convertir a un solo intruso en alguien con muchas más manos. Ese es el interruptor que inquieta a los responsables de seguridad: la velocidad con la que una amenaza pequeña puede buscar un daño mucho mayor.
El ejemplo mencionado por Vidal apunta a Corea del Sur. Una campaña contra organizaciones financieras, que incluyó denuncias de filtraciones en dos bancos, habría expuesto datos de decenas de miles de clientes. Un hacker chino habría usado herramientas desarrolladas en China, entre ellas DeepSeek, para facilitar parte de la operación.
Además, según CrowdStrike, el atacante utilizó Claude Code, una herramienta para asistir en programación, para pedir orientación sobre dónde vender los datos bancarios robados. El episodio revela un mecanismo incómodo: las mismas capacidades que agilizan el trabajo de un desarrollador también pueden ser consultadas por quien busca perjudicar a otros.
OpenAI y Anthropic representan dos modelos de respuesta ante ese dilema. OpenAI, creadora de ChatGPT, DALL-E y Whisper, impulsó la adopción masiva de asistentes tras el lanzamiento de ChatGPT en noviembre de 2022. Su estrategia se apoya en lanzamientos rápidos, millones de usuarios y alianzas como la que mantiene con Microsoft.
Anthropic, fundada en 2021 por antiguos investigadores de OpenAI y dirigida por Amodei, ha construido su reputación alrededor del control. Emplea Constitutional AI, un método para que el modelo revise sus respuestas según principios definidos de antemano. Es como colocar un manual de seguridad junto al tablero central antes de encender una máquina.
La oportunidad ahora no pasa solo por reaccionar después de un incidente. Exige probar sistemas, limitar accesos, vigilar comportamientos extraños y exigir reglas claras a las empresas que fabrican estas herramientas. Si el cableado digital sostiene la vida diaria, revisar sus fusibles deja de ser una tarea técnica: se convierte en una forma de cuidado colectivo.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.










