El creador y mantenedor del kernel de Linux, el núcleo que conecta el sistema operativo con el hardware, contó en el Open Source Summit Europe que cambió por completo su opinión sobre la IA. Antes la consideraba poco útil. Ahora la ve como una herramienta valiosa, siempre que no ocupe el lugar del programador.
La revelación llega mientras la comunidad de código abierto discute si debe aceptar contribuciones creadas con modelos de lenguaje, sistemas que generan texto o código a partir de instrucciones. Torvalds no anunció cambios para Linux, pero su postura suma una voz central a un debate que sigue abierto.
“Ahora me gusta usarla para programar”, señaló Torvalds durante una conversación con Dirk Hohndel.
La IA como una caja de herramientas, no como el electricista
Torvalds ya no escribe de forma habitual el código del kernel. Su trabajo consiste, sobre todo, en centralizar, revisar y recoger el esfuerzo diario de muchos desarrolladores. Mantiene el gusto por programar en proyectos personales, donde puede probar piezas nuevas sin poner en riesgo una infraestructura crítica.
La clave de su cambio está en el uso limitado de la herramienta. La IA no funciona, según su mirada, como un piloto automático que debe conducir solo. Se parece más a una caja de herramientas: ofrece una pieza útil, pero alguien debe saber para qué sirve, dónde colocarla y cuándo no usarla.

Ese mecanismo se hizo visible con un pedal de guitarra. Torvalds creó una versión funcional en C, un lenguaje de programación cercano al funcionamiento interno de una máquina, pero quería comparar su resultado con otro enfoque. Entonces pidió a una IA que generara una versión equivalente en Java, un lenguaje que él no domina.
El código generado le pareció “bastante feo”, aunque cumplía esencialmente la misma tarea. No delegó la creación del pedal ni aceptó el resultado a ciegas: utilizó la respuesta como quien abre un manual de reparación para mirar otra forma de ensamblar el mismo engranaje.
Ahí aparece una oportunidad concreta para quienes están aprendiendo. El vibe coding, la creación de aplicaciones mediante instrucciones dadas a una IA, permite observar rápido el efecto de una idea. Para Torvalds, esa respuesta inmediata recuerda a sus inicios en 1981, cuando era más fácil ver cómo una pequeña línea de código cambiaba el sistema.
El interruptor entre experimentar y asumir responsabilidades
Sin embargo, el creador de Linux marca un límite claro. Un prototipo, una prueba de concepto o un proyecto recreativo pueden tolerar errores y código imperfecto. El software destinado a otras personas, en cambio, exige revisión humana, comprensión y cautela.
La diferencia es similar a reparar una lámpara propia en casa o intervenir el cableado de un edificio. En el primer caso, el experimento puede enseñar algo. En el segundo, una conexión equivocada afecta a muchos y no alcanza con que “parezca funcionar”.

La comunidad de software libre tampoco tiene una regla única. Algunos proyectos prohíben el código asistido por IA. Otros lo aceptan con documentación y controles estrictos. Incluso hay repositorios, espacios donde se almacena y organiza el código de un proyecto, que cambiaron de posición con el tiempo.
Por eso, antes de enviar un parche, una modificación puntual de código, cada colaborador debe revisar las normas del proyecto elegido. La misma pieza puede ser bienvenida en un lugar y rechazada en otro.
El hallazgo de Torvalds no propone reemplazar el criterio humano. Propone recuperar la curiosidad: usar la IA para iluminar una mesa de trabajo, sin olvidar quién sostiene el interruptor.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.







