¿Alguna vez arrancaste un proyecto enorme con la ilusión de “hacerlo perfecto” y, a mitad de camino, te diste cuenta de que el presupuesto y el tiempo no iban a alcanzar? En Arabia Saudita, esa sensación ahora atraviesa a Neom y a su pieza más famosa: The Line, la ciudad futurista pensada para atravesar el desierto como una regla de 170 kilómetros.
Según fuentes citadas por el Financial Times, una revisión interna de un año llevó al reino a reformular en profundidad el megaproyecto Neom y, en particular, The Line. El hallazgo fue incómodo pero central: el diseño original se volvió “demasiado caro y complicado” en un contexto de demoras, sobrecostes y presión creciente sobre las cuentas públicas.

Así, el plan de alojar a 9 millones de personas en una franja urbana ultra densa, sin coches y sin emisiones de carbono, queda relegado al menos en el corto plazo. En su lugar aparece una oportunidad distinta: reutilizar infraestructura ya construida para reconvertir The Line en un gran centro de datos orientado a inteligencia artificial.
Desde la organización de Neom evitaron confirmar un recorte definitivo, pero sí sostienen que el proyecto busca “escalonar y priorizar” iniciativas alineadas con los objetivos nacionales. En la práctica, el engranaje que se mueve es claro: menos promesa urbana total y más foco en rentabilidad y valor a largo plazo.
La clave está en entender qué significa “centro de datos” sin pensar en una nube abstracta. Un centro de datos es, básicamente, una nave llena de computadoras que trabajan sin pausa, como si fueran miles de cocinas encendidas al mismo tiempo. Y ahí aparece el gran problema del desierto: el calor.
Si la IA es un motor, los centros de datos son su sala de máquinas; y la refrigeración es el interruptor que permite que ese motor no se funda.
Entrenar modelos de IA (entrenamiento, “aprender con muchos ejemplos”) y usarlos en tiempo real (inferencia, “responder ya con lo aprendido”) exige servidores de alta densidad. Arabia Saudita ya venía comprando miles de GPU (chips para cálculo masivo), hardware que brilla en esas tareas. Pero ese brillo viene con un costo físico: disipan calor de forma intensa y constante.
Por eso, la ubicación de The Line junto al mar Rojo se vuelve una pieza clave del nuevo cableado estratégico. En climas extremos, enfriar con aire es como intentar bajar la temperatura de una casa con la puerta abierta. En cambio, el acceso directo al mar permitiría usar agua de mar para refrigeración, una ventaja operativa que, según fuentes vinculadas al rediseño, pondría a The Line en mejor posición que otros emplazamientos perdidos en el interior del desierto.
¿Cómo funciona el “truco” del agua en una ciudad que ahora quiere ser computadora?

Es como cuando un auto se recalienta, el radiador circula líquido para llevarse el exceso de temperatura. Un centro de datos hace algo parecido, pero a escala industrial. El agua, por su capacidad de absorber calor, puede actuar como ese radiador gigante, y el mar ofrece un suministro continuo.
Además, el giro llega con números que ya venían ajustando expectativas. En 2024, The Guardian informó que The Line se reduciría de los 170 kilómetros originales a unos 2,4 kilómetros de desarrollo efectivo, con una población estimada de 300.000 habitantes. Muy lejos de los 9 millones del plano inicial.
Detrás de ese recorte hay un mecanismo financiero. Menores ingresos petroleros, una restricción de liquidez tras una década de gasto público y compromisos internacionales costosos —como la Expo 2030 y el Mundial 2034— obligan a revisar prioridades. En ese tablero, convertir obra ya hecha en infraestructura digital evita tirar cables y cimientos a la basura.
Para el día a día global, la implicación es menos cinematográfica pero más concreta: Arabia Saudita busca posicionarse como nodo de datos y computación entre tres continentes. Si logra ofrecer energía renovable, tierra disponible y enfriamiento eficiente, puede atraer cargas de IA que hoy se disputan Estados Unidos, Europa y Asia.
Lo que cambia, en el fondo, es la metáfora: The Line ya no quiere ser la casa donde vivan millones, sino el “cuarto de máquinas” que mantenga encendidas muchas de las respuestas digitales del futuro. Y en esa nueva sala, el agua fría vale tanto como el acero y el vidrio.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.








