¿Y si mañana tuvieras que aprender a moverte por tu casa con las luces apagadas, sin que nadie te explique dónde está la puerta o la mesa? Al principio chocarías con todo. Pero, con intentos y errores, tu cuerpo empezaría a “armar un mapa” por pura necesidad.
Algo acaba de ocurrir en un laboratorio, aunque en versión digital. Un equipo de la Universidad de Lund, en colaboración con el MIT, retó a una inteligencia artificial a diseñar “vida” desde cero. El hallazgo: esas criaturas virtuales desarrollaron un sistema visual funcional sin recibir instrucciones sobre cómo debían ser los ojos.

El estudio, publicado en Science Advances, revela una pieza clave: la evolución artificial puede reproducir patrones biológicos reales incluso dentro de un mundo simplificado hecho de código. Es decir, el “cableado” de la complejidad no siempre necesita un plano previo. A veces aparece cuando hay presión por sobrevivir y competir.
Dan-Eric Nilsson, biólogo evolutivo de Lund, es categórico: lograron “una evolución artificial que produce los mismos resultados que en la vida real”. Y subraya el interruptor de este trabajo: por primera vez, se usó IA para seguir cómo puede surgir un sistema visual completo sin decirle al ordenador cómo construirlo paso a paso.
Ahora bien, ¿cómo se traduce esto a algo cotidiano? Imagine una casa con un sistema eléctrico muy básico. No hay lámparas instaladas ni manual de instrucciones. Solo existe una regla: cada vez que usted logra encontrar agua o comida en la oscuridad, esa configuración “gana” y se copia. Si fracasa, se descarta.
Eso hicieron los investigadores con pequeños organismos digitales en un entorno sintético. Los agentes empezaron completamente ciegos, sin ningún modelo ocular preprogramado. Debían cumplir tareas prácticas: desplazarse, esquivar obstáculos y localizar recursos. Y allí la presión selectiva actuó como una central que decide qué “engranaje” sirve y cuál no.
También te puede interesar:IA Deja sin Oportunidades a los Programadores Más Jóvenes: “Antes te Buscaban, Ahora te Evitan”Con el paso de muchas generaciones, el sistema introdujo variaciones aleatorias. Luego seleccionó y conservó las configuraciones que rendían mejor. Ese mecanismo imitó la selección natural, pero en versión computacional y acelerada. Lo sorprendente es que, en ese proceso, aparecieron estructuras sensibles a la luz.
Después, esas piezas se organizaron hasta formar ojos digitales completos conectados a redes internas de procesamiento, equivalentes a un sistema nervioso simple. No fue un diseño guiado como quien arma un mueble siguiendo un folleto. Fue más parecido a un taller donde, a fuerza de probar, algunas combinaciones terminan “encajando” porque resuelven un problema real del entorno.
El proyecto se apoya en agentes de IA corporizada (IA con “cuerpo” virtual). Esa definición importa: no se trata de una IA que solo calcula, sino de una que percibe y actúa dentro de un mundo. En ese marco, la selección no premia ideas bonitas, sino funciones útiles: ver mejor, moverse mejor, llegar antes al recurso.
Las simulaciones mostraron configuraciones análogas a fotorreceptores (sensores simples de luz) dispersos, similares a los de organismos muy básicos. También emergieron ojos tipo cámara, comparables a los de vertebrados, y ojos compuestos, como los de insectos. El paralelismo apareció pese a que el entorno virtual era muy simplificado, un detalle que vuelve el hallazgo más revelador.
Los autores sostienen que esto no queda encerrado en la biología teórica. Si la complejidad puede surgir cuando un sistema compite y se adapta, se abre una oportunidad para diseñar tecnología más robusta: soluciones que no dependan de un único plano, sino que encuentren caminos alternativos cuando el contexto cambia.
Nilsson advierte que esto es solo el principio. Incluso plantean explorar “futuros evolutivos” potenciales con IA: probar en simulación qué formas o mecanismos podrían aparecer antes de que la naturaleza llegue a ellos. Como encender una luz en un pasillo largo para ver, aunque sea por un segundo, qué puertas podrían existir más adelante.
También te puede interesar:Paradoja de la Inteligencia Artificial: Cuando se Vuelve tan Humana que Deja de Ser “Artificial”Para el lector común, la clave es simple: cuando un sistema tiene un entorno, un objetivo y reglas claras de selección, puede aparecer una solución que nadie dibujó a mano. A veces, la inteligencia no se programa como un plano. Se cultiva como una planta, con presión, tiempo y el cableado justo para que crezca.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.