Ha llegado Clawdbot y está ganando popularidad por una combinación muy tentadora: es gratuito, de código abierto y funciona como asistente personal de inteligencia artificial. Se instala desde la consola (la ventana de comandos) siguiendo las instrucciones de su web oficial, clawd.bot, y puede controlarse desde una interfaz web tipo ChatGPT o Gemini.
Además, se conecta con mensajería como WhatsApp, Telegram, Slack, Discord, Google Chat o iMessage. Así, la orden puede salir desde el celular y terminar ejecutándose en tu PC con Windows o Mac, incluso si no estás delante.
La clave es que Clawdbot no es un modelo de lenguaje como ChatGPT, sino un agente (un programa que ejecuta acciones). Es decir: no solo responde. Abre aplicaciones, toca archivos, usa el navegador con tus sesiones iniciadas y toma decisiones paso a paso sin pedirte permiso en cada movimiento.
Y eso cambia el engranaje completo de la automatización doméstica.

Para entenderlo sin misterio, sirve una analogía central: Clawdbot se parece más a un electricista con acceso al tablero general que a un asesor que te sugiere ideas. Un chatbot tradicional te explica cómo cambiar una lámpara. Un agente, en cambio, puede bajar la térmica, cambiar el foco y volver a subirla. Rápido, sí. Pero con riesgo real si se equivoca de cableado.
Ese “tablero” en Clawdbot son los permisos. Al instalarlo, el usuario le otorga acceso amplio o total al sistema: puede operar vía shell (control por comandos), leer y escribir en el sistema de archivos, manejar correo y calendario, y hasta interactuar con otros dispositivos conectados si el equipo se lo permite.
También incorpora memoria persistente (recuerda entre sesiones). En la práctica, eso puede convertirse en una “memoria infinita” si tiene acceso a todo el disco: cuanto más junta, más sugiere. Es útil para continuidad. Pero es una pieza central de su poder… y de su exposición.
En el uso cotidiano, el mecanismo se vuelve muy concreto: Clawdbot puede abrir WhatsApp, buscar un contacto, redactar el texto indicado y enviarlo. También puede rastrear páginas web, preparar resúmenes para una hora determinada, descargar e instalar archivos por iniciativa propia (si así se lo pedís) o incluso armar una página web completa.
Su lista de integraciones supera las 50 apps y servicios, incluyendo Spotify, Philips Hue, Obsidian, Gmail, Github, Nextcloud, Notion, Trello y hasta gestores de contraseñas como 1Password. También puede apoyarse en APIs de IA como OpenAI o Gemini para “pensar” mejor.
El riesgo principal es directo: al darle control total sobre tus archivos y cuentas, cualquier error o “alucinación” (respuesta inventada) puede traducirse en daños reales. Un pedido inocente, como “agrega un párrafo a este documento”, podría terminar en un archivo corrompido o sobrescrito si el agente interpreta mal el paso a paso.
Hay un peligro todavía más silencioso: la prompt injection (inyección de instrucciones maliciosas), que es cuando un atacante esconde órdenes dentro de un texto. Por ejemplo, un PDF puede traer letras invisibles que, al pedir “resumilo”, le digan al agente que ignore tus reglas y envíe datos privados a un servidor externo o haga spam desde tus cuentas.
Como Clawdbot actúa “en tu nombre” dentro de sesiones abiertas, el impacto no siempre se ve a tiempo. Y ahí el interruptor deja de ser comodidad y pasa a ser vulnerabilidad.
Por eso, especialistas recomiendan un freno simple: usarlo dentro de una máquina virtual (una computadora dentro de la computadora) o en un equipo secundario sin información sensible. Y si no se entiende bien cómo acotar permisos y revisar qué hace, la advertencia es clara: tal vez la mejor decisión sea no instalarlo.
Un asistente capaz de mover todo tu entorno digital puede ser una oportunidad enorme. Pero, como en cualquier casa, antes de entregar las llaves conviene preguntar: ¿quién puede entrar, hasta dónde y con qué límites?

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.