El hallazgo político de esta semana salió del Foro Económico Mundial. Allí, Dario Amodei, CEO de Anthropic, cuestionó con dureza la decisión del Gobierno de Estados Unidos de permitir la venta a China de chips de alto rendimiento de Nvidia —como el H200— y de AMD a clientes chinos autorizados.
En una entrevista con Bloomberg en Davos, Amodei fue categórico. Calificó la medida como una “locura” y una “irresponsabilidad histórica”. Y lanzó una comparación que funcionó como sirena: “Es como vender armas nucleares a Corea del Norte y presumir de que Boeing hizo las carcasas”.

Lo llamativo es el cableado detrás del enojo. Nvidia no es un rival lejano para Anthropic, sino un socio clave e inversor. Hace cerca de dos meses, ambas compañías anunciaron una alianza estratégica acompañada de una inversión valuada en miles de millones.
Sin embargo, Amodei dejó claro que, para él, hay un interruptor que cambia la lectura del asunto. La inteligencia artificial no debería tratarse solo como software, sino como un tema de seguridad nacional. Es decir: no se discute solo un negocio, sino una pieza clave del equilibrio de poder.
Un chip de alto rendimiento funciona como el motor central de la IA moderna. En especial para el entrenamiento (la etapa en la que el modelo “aprende” con enormes volúmenes de datos), estos procesadores hacen el trabajo pesado: aceleran cálculos y permiten que los sistemas crezcan en capacidad.
La analogía doméstica ayuda a entender el mecanismo. Si la IA fuera una fábrica en tu casa, el software sería el plano y la receta. Pero el chip es la potencia eléctrica y la maquinaria. Sin esa energía, podés tener ideas brillantes en papel, pero no producción real.
También te puede interesar:Dario Amodei y su Visión: Cómo la IA Podría Transformar el Mundo para MejorPor eso Amodei no mira la venta del H200 como una exportación más. La interpreta como entregar el generador y las herramientas para montar, más rápido, fábricas de “cognición” a gran escala.
Amodei describe los futuros modelos como “esencialmente cognición”. Es un tecnicismo conceptual, pero su traducción inmediata sería: sistemas con capacidades cognitivas comparables a las humanas. Según su planteo, podrían concentrar en un único centro de datos una inteligencia equivalente a “100 millones de personas más listas que cualquier ganador del Premio Nobel”.
En su mapa mental, el riesgo no está en un chat simpático o en una app. Está en la posibilidad de montar una central, con infraestructura y potencia, que opere como un cerebro colectivo altamente escalable.
Además, su razonamiento suma una pieza geopolítica: Estados Unidos, dice, lleva varios años de ventaja sobre China en la fabricación de chips avanzados. Entonces, facilitar hardware para entrenar IA de última generación sería “un gran error” estratégico.
Mientras algunos CEO del sector de semiconductores reclaman que los embargos frenan crecimiento y ganancias, Amodei corre el eje. Advierte que el problema central no son los resultados trimestrales de Nvidia. Lo que está en juego, subraya, es seguridad y equilibrio de poder global.
En la práctica, el debate abre una oportunidad incómoda: tratar al hardware de IA como se trata a otras tecnologías sensibles. No por demonizar la innovación, sino por reconocer que hay engranajes —chips, centros de datos, capacidad de cómputo— que también definen qué tan lejos llega un modelo y quién lo controla.
También te puede interesar:El CEO de Anthropic Dario Amodei sobre DeepSeek: Éxito de las Exportaciones ControladasY si la IA se parece cada vez más a una central eléctrica, la pregunta que deja Davos es simple: ¿quién recibe las llaves de la sala de máquinas?

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.