El hallazgo aparece en la pantalla de Wall Street: inversores que durante años apostaron por compañías de software ahora rotan hacia energía, servicios públicos y materiales. La clave no es solo la moda. Es la sospecha de que la IA puede alterar el mecanismo económico de negocios basados en intangibles.
En ese mapa, Goldman Sachs y UBS funcionan como central de lectura del clima financiero. Guillaume Jaisson, de Goldman Sachs, lo plantea sin rodeos: las empresas “ligeras en capital”, las que escalan rápido con poca inversión, también pueden ser las más fáciles de replicar si la IA se vuelve un competidor interno.

Para entenderlo, sirve una analogía simple: el software se parece a un juego de llaves que abre muchas puertas, pero la IA está aprendiendo a copiar esas llaves cada vez más rápido. En cambio, una red eléctrica, una mina o una fábrica se parecen más a una casa: podés imitar el plano, pero levantar paredes, cableado y tuberías lleva tiempo, permisos y dinero.
Ahí aparece el “interruptor” emocional del mercado. Si la IA (modelos generativos, programas que producen texto, código o imágenes) puede reemplazar tareas que antes justificaban suscripciones, licencias y consultoría, entonces el riesgo se concentra donde el valor está en la propiedad intelectual y no en activos físicos.
Por eso, sectores con engranajes tangibles vuelven al centro. Jaisson incluso les pone nombre: “acciones Halo”, compañías con muchos activos y baja obsolescencia. El mensaje subyacente es práctico: lo que no se puede copiar rápido, se percibe como más protegido.
Los números muestran esa migración como una corriente visible.
El subíndice de software del S&P 500 cayó esta semana a su nivel más bajo desde el anuncio de los aranceles del “Día de la Liberación” de Donald Trump en abril del año anterior. Y en menos de un mes perdió 1,2 billones de dólares de capitalización bursátil, una poda que revela el tamaño del nerviosismo.
En paralelo, el subíndice de servicios públicos del S&P 500 sube 9% en el año. Y las acciones del sector energético ganan 23%. Incluso con el Nasdaq apenas +0,3% en una apertura de martes que buscó estabilizarse, el cambio de preferencias ya estaba hecho.
En el frente “perdedor”, varias firmas estadounidenses de software cayeron al menos 40% en lo que va del año: Intuit, AppLovin, Gartner y Workday. En el frente “refugio”, aparecen nombres que suenan a objetos, no a pantallas: la eléctrica Generac Holdings figura entre las mayores revalorizaciones del S&P 500, y el fabricante de vidrio Corning Inc. también.
La lógica no se limita a Estados Unidos. En Europa, Kongsberg Gruppen, proveedor ligado a defensa y energía, sube cerca de 50% en 2026. Y Frontline Plc, naviera de petroleros, también ronda el 50%. Además, Goldman Sachs lanzó una cesta europea de acciones “intensivas en capital”, que acumula +12% en el año, frente a un Stoxx Europe 600 que gana 6%.
Del otro lado del mostrador, la cesta de empresas “ligeras en capital” cae 2%. Gerry Fowler, de UBS, resume el giro con una advertencia: lo que mejor funcionó en 15 años ahora parece lo más vulnerable, sobre todo si el negocio depende de intangibles y propiedad intelectual.
Para el lector de a pie, la aplicación práctica no es elegir acciones, sino entender el clima: cuando la IA acelera, el mercado busca tornillos, cables y cemento. Y esa preferencia puede empujar inversión hacia infraestructura, defensa, energía y equipos pesados, con impacto en empleo, proyectos y precios.
Al final, el movimiento se parece a algo familiar: cuando hay tormenta, muchos no corren a comprar más aplicaciones. Revisan el techo, el generador y el cableado.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.