En muchas oficinas, un ruido interno aparece cuando un correo, un informe o una respuesta sale perfecta en minutos, pero la mano que lo escribió parece haber sido otra.
Ese es el nuevo escenario que revelan testimonios de Valencia: Rocío González, abogada de 28 años y hoy responsable de innovación en una startup legal, dice que no redactó ningún texto jurídico por sí misma en años porque delega en sistemas de IA generativa. En la vereda opuesta, Cristina Laguna, teleoperadora también de 28, mantiene ChatGPT apagado por desconfianza e identidad profesional.

En el medio aparece la presión de las organizaciones. Pedro García, responsable de recursos humanos en una escuela de FP en Valencia, cuenta que allí se incentiva dejar métodos antiguos e incorporar trabajo apoyado en IA. “Aquí se felicita” a quien encuentre un nuevo uso, porque el mecanismo acelera currículums, presentaciones e informes y, según él, pone orden en el “caos administrativo”.
Anna Cejudo, cofundadora de Founderz, señala que la IA puede ayudar a nivelar el rendimiento, pero subraya que quienes tienen más experiencia la aprovechan mejor porque saben corregir errores.
Ahora, ¿qué engranaje está moviendo esta división? En parte, un cambio de herramienta que se parece más a la casa que al laboratorio.
Por eso González insiste en los prompts (instrucciones escritas). Para ella, conocer los prompts adecuados es como tener el interruptor correcto en un tablero eléctrico: se enciende la luz donde hace falta y se apaga donde sobra. Además, sostiene que buena parte del trabajo jurídico consiste en ajustar plantillas, una pieza clave para la que la IA tiene poco margen de error.
También te puede interesar:ChatGPT Analiza Negocios Y Señala La Oportunidad Más Rentable Del MomentoLaguna mira la misma máquina y ve otra cosa: una tubería que a veces trae agua limpia y a veces, barro. Cuenta que una compañera recibió datos incorrectos al comparar productos con ChatGPT. Y que usarlo le haría sentir que toma “la vía fácil”, como si el mérito quedara del lado del sistema y no de la persona.
Hay un dato que ayuda a entender la tensión. El índice Vectara Hallucination Leaderboard muestra que las alucinaciones (errores o invenciones) bajaron de alrededor del 10% a menos del 2% en tres años. Es una mejora real. Pero Gartner advierte un giro: el riesgo global aumenta porque la gente confía más y baja la guardia.
En paralelo, el cambio ya tiene volumen. Un estudio de InfoJobs de febrero de 2025 indica que el 35% de los trabajadores españoles usa herramientas de IA en su jornada laboral. Y dentro de ese grupo, el 44% recurre a asistentes conversacionales como ChatGPT. No es un experimento: es rutina.
El problema no es usar o no usar. El problema es cómo. Pablo Sáez, abogado experto en asuntos digitales, alerta que quien domina estas herramientas puede usarlas mal, por ejemplo, subiendo información confidencial sin anonimizar. Y García suma otra capa: muchas personas usan IA “en la sombra”, sin decirlo, lo que agrega riesgo y resentimiento.
Para que el cambio no rompa equipos, Cejudo propone formación escalonada por roles o departamentos. Y Braulio Campos, gerente de operaciones en una empresa textil valenciana, sugiere “pequeñas victorias”: casos de uso concretos donde la IA demuestre su eficacia sin invadir todo el trabajo de golpe.
En el fondo, la oficina está aprendiendo una convivencia nueva: que la máquina haga fuerza bruta y el humano se quede con el criterio. Como en casa, el interruptor no reemplaza a nadie. Solo enciende mejor la habitación donde todavía hace falta mirar con atención.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.