Harvard Business Review demuestra que la IA no está reduciendo el trabajo de manera automática, resulta más contraproducente de lo que se dice. Lo está intensificando. Y el mecanismo no es misterioso. La tecnología funciona como un catalizador: acelera lo que ya existe, para bien o para mal.
En otras palabras, la clave no es cuánta IA se usa, sino si se utiliza para rediseñar el trabajo o solo para intensificarlo. Cuando se inserta en estructuras rígidas o manuales, la IA convierte la velocidad en presión. Y las transacciones, en fatiga digital.
Porque la IA generativa (la capacidad de producir texto e ideas) puede crear una montaña de resultados en minutos. Pero si el resto del sistema sigue operando con aprobaciones por correo, firmas “a mano” o jerarquías lentas, aparece el cuello de botella. Solo que ahora llega antes, y con más volumen.
La analogía más simple está en casa: es como cambiar la canilla por una de alto caudal, pero dejar las mismas tuberías viejas. El agua sale más fuerte, sí. Pero el problema no desaparece. Se traslada. Y si hay una fuga, el nuevo “interruptor” de velocidad solo inunda más rápido.
Eso es lo que está ocurriendo en áreas como reclutamiento. Un modelo de lenguaje puede redactar múltiples perfiles de puesto en minutos. Sin embargo, si la aprobación depende de tres firmas y dos cadenas de correos, la fricción del proceso tradicional se vuelve el engranaje que traba todo. La IA no elimina el atasco: lo alimenta.
Y aquí México aparece como un escenario especialmente sensible. Ante la posible reducción de la jornada laboral a 40 horas, muchas organizaciones pueden intentar comprimir el mismo volumen de tareas en menos tiempo. Si no se rediseñan los flujos, la combinación “menos horas + más velocidad” se vuelve un embudo.
También te puede interesar:¿Te Estás Rindiendo a la IA? El Estudio de Pensilvania Que Mide Cuánto Dejas de Pensar por Ti MismoEn el mundo HR Tech, la facilidad para “arrancar” tareas con IA está expandiendo el trabajo operativo. Se hacen más cosas, se responden más mensajes, se generan más documentos. Pero no siempre se crea más valor. A menudo crecen las expectativas difusas y la presión por la multitarea.
Un caso muy visible es la implantación de chatbots (asistentes automáticos de respuesta) para atención al colaborador. La organización logra inmediatez. Pero también instala una norma silenciosa: todo debe resolverse ya. Si no se prioriza, el canal se convierte en un caño abierto 24/7.
La oportunidad, entonces, no está en pedirle “más” a la IA, sino en cambiar el cableado del trabajo. Pasar de jerarquías a redes. Y de la vigilancia al diseño de confianza, para que la velocidad se transforme en valor y no en ansiedad.
Ahí entra el Análisis de Redes Organizacionales, ONA (mapear cómo fluye el trabajo entre personas). Esta herramienta permite diagnosticar la carga operacional y detectar quiénes son los nodos que sostienen el sistema: expertos reales, conectores, puntos donde se rompen las conversaciones.
Además, el ONA puede simular escenarios con IA generativa, como automatizar el 30% de tareas transaccionales y, a la vez, bajar la jornada a 40 horas. El dato no es decorativo: permite anticipar si el tiempo liberado se convierte en creatividad o si recae, como siempre, sobre las mismas personas clave.
Si la IA es el motor, el ONA funciona como el tablero: muestra dónde se recalienta el sistema antes de que se funda. Y recuerda una idea central: el desafío no está en el código, sino en humanizar el flujo de trabajo.
También te puede interesar:Currículums Generados con IA: Por Qué el 49 % de Recursos Humanos los Rechaza de PlanoCuando la tecnología deja de ser un acelerador del desorden y se vuelve puente, la promesa original vuelve a tener sentido: trabajar mejor, no simplemente más rápido.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.