Spotify domina el streaming musical desde hace años, pero el mayor riesgo para su negocio puede no venir de Apple Music ni de YouTube. La amenaza se llama Suno y es una plataforma de inteligencia artificial que genera canciones a una velocidad tan alta que pone en cuestión el propio modelo de catálogo musical.
Según documentos internos de Suno, filtrados y revisados por Billboard en Estados Unidos, los usuarios de esta herramienta de IA generan cada quince días tanta música como todo el catálogo actual de Spotify. Hablamos de unos 7 millones de canciones nuevas al día, creadas desde la web de Suno por gente que, en muchos casos, no sabe tocar un instrumento.

Mientras las discográficas pelean por una fracción de céntimo por cada reproducción en Spotify, los usuarios de Suno ya dedican una media de 20 minutos diarios a “componer” dentro de la plataforma. Ese tiempo que pasas creando, probando estilos y remezclando temas es tiempo que, sencillamente, no estás escuchando listas de Spotify. Y ahí empieza el verdadero problemón.
Lo relevante no es solo la cantidad brutal de música que genera Suno, sino que esta herramienta quiere convertirse en un lugar donde entras, creas, escuchas y compartes sin salir de su app. Su CEO, Mikey Shulman, lo explica sin rodeos: no quieren ser solo una ayuda para compositores, quieren convertirse en el ecosistema completo donde se crea y se consume música.
La comparación con TikTok no es casual. Suno ha construido una capa social donde puedes compartir tus temas, escuchar los de otros usuarios y hacer remezclas como si fueran “duetos” o tendencias virales. La idea es clara: que tu música nazca, se mueva y se quede dentro de su propia red social, igual que los vídeos cortos se quedan atrapados en TikTok.

Esta apuesta no se queda en un experimento de laboratorio ni en un juguete curioso para frikis de la IA. Suno es ya un unicornio financiero. La compañía ha levantado una ronda de financiación de 250 millones de dólares, liderada por firmas como Menlo Ventures y el brazo inversor de NVIDIA, dos nombres muy serios en el mundo del capital riesgo.
También te puede interesar:Discográficas Acusan a Suno de Usar Canciones de YouTube para Entrenar su IATras esa ronda, la valoración de Suno ha saltado hasta los 2.450 millones de dólares. Es una cifra que coloca a esta plataforma de música generada por IA en la misma liga que muchas startups de software consolidadas, con la diferencia de que su producto principal son canciones creadas en segundos. La cifra que más preocupa a Spotify no es esa.
Los datos de retención interna muestran que el 39 % de los usuarios gratuitos de Suno vuelven semana tras semana. En el caso de los usuarios de pago, esa retención semanal se dispara al 78 %, un nivel altísimo que indica un fuerte enganche. Si te quedas tanto tiempo en una única app musical, el reparto del tiempo entre plataformas empieza a cambiar.
Si Suno consigue mantener y hacer crecer estos porcentajes, el futuro competitivo de Spotify se complica mucho. No se trata solo de que haya más canciones disponibles, sino de que parte del público deja de ser simple oyente para convertirse en creador activo dentro de un ecosistema cerrado. Y eso es justo lo que Spotify, por ahora, no ofrece de forma nativa.
El giro de fondo está ahí: pasar de un consumo pasivo de playlists, donde tú solo das al play, a una “cultura participativa activa” en la que creas, remezclas y compartes tus propios temas. Suno quiere que sientas la música como algo que haces, no solo algo que pones de fondo mientras trabajas.
La amenaza no se limita al uso del tiempo. Hay otra parte más delicada que afecta al valor del propio catálogo de Spotify. El problema para la plataforma sueca es doble: se enfrenta a un rival cuyo coste de producción musical es extremadamente bajo y, al mismo tiempo, a una audiencia que acepta cada vez más contenidos generados algorítmicamente como si fueran “música real”.
Para entender por qué esto es tan serio, hay que mirar a la calidad de la música sintética. Un estudio de la Universidad Federal de Minas Gerais, titulado “Echoes of Humanity”, ha puesto a prueba la capacidad de los oyentes para distinguir entre canciones humanas y canciones creadas por IA. Los resultados no son nada cómodos para quienes defienden la superioridad clara de lo humano.
También te puede interesar:Nuevo Generador de Música con IA de Suno: Innovación Técnica sin Emoción RealEn pruebas a ciegas con pares de canciones aleatorias, los participantes solo acertaron si un tema era humano o artificial en el 50 % de los casos. Es decir, lo mismo que lanzar una moneda al aire. En términos prácticos, para el oyente medio, la IA ya ha pasado una especie de “Test de Turing musical”.
Solo quienes tenían formación musical técnica fueron capaces de detectar pistas claras de que la música era sintética. Comentaban detalles como voces percibidas como “un poco robóticas” o mezclas demasiado planas, con menos matices en la producción. Para el gran público, sin embargo, esa barrera perceptiva entre música humana y generada por IA ya se ha caído casi por completo.
Esto no es teoría. El usuario Flo Crivello contó en X (antes Twitter) el caso de oyentes que descubren supuestas “bandas nuevas” en Spotify, se enamoran de su música y, tiempo después, descubren que esos artistas no existen en la vida real. Son catálogos enteros generados por IA y subidos como si fueran grupos emergentes auténticos. La sorpresa llega cuando buscas sus redes sociales y no hay nada.
Si aceptas con tanta facilidad música que no puedes distinguir de la humana, la ventaja de un catálogo basado solo en artistas reales se reduce. Spotify se había construido como el escaparate global de la música producida por personas, pero la aceptación social de la música generada por IA erosiona esa diferencia. Y la erosión aumenta a medida que la calidad sintética mejora.
Para valorar hasta qué punto Suno puede alterar tu experiencia con Spotify, hay que juntar todas las piezas: velocidad de creación, modelo social interno y retención altísima. Piensa en millones de canciones nuevas al día, circulando en un entorno donde se crean tendencias propias y donde tú mismo puedes lanzar tu tema a la comunidad en cuestión de segundos.
Este modelo se encuadra en una tendencia más amplia en Internet: la inundación de contenidos generados por IA. Ya pasa con textos, imágenes y vídeos, y la música es el siguiente frente. Donde antes el cuello de botella era la creación humana, ahora el límite está en la atención de los usuarios, que es justo lo que pelean Spotify, TikTok, YouTube y, cada vez más, Suno.
La diferencia es que, mientras un servicio de streaming clásico se centra en servirte canciones, Suno intenta que tú seas parte constante del flujo creativo. Hay una especie de “ping” permanente que te anima a probar un estilo nuevo, remezclar tu último tema o escuchar lo que ha hecho otra persona como tú en el otro lado del mundo.
Los datos de uso, según la presentación interna a inversores a la que ha tenido acceso Billboard, se cruzan con los patrones de creación y escucha para afinar esta experiencia. Un analista lo resumía así: “No quieren que abras Suno solo para oír algo, quieren que entres para hacer algo cada día”. Esa diferencia, repetida durante meses, cambia hábitos.
Suno no avanza sin fricciones. La compañía está inmersa en varias demandas de grandes discográficas, que cuestionan el uso de sus grabaciones y de sus catálogos para entrenar los modelos de IA. Estas mismas discográficas han arrancado la relación desde una postura de amenaza, recurriendo a los tribunales como primera opción.
Pero, casi en paralelo a esas demandas, Suno ha empezado a cerrar acuerdos con sellos importantes. Uno de los más comentados ha sido el anunciado con Warner Music Group, que abre la puerta a un modelo donde esta IA no solo convive con las discográficas, sino que se integra en su negocio. Si Warner entra en el juego, es más fácil que otros grandes actores sigan el mismo camino.
La clave está en qué negocio logran cerrar exactamente con Suno: licencias, reparto de ingresos por temas generados, uso de catálogos como base para nuevos productos o una mezcla de todo. Lo llamativo es que, en la presentación a inversores, la compañía apenas menciona la problemática legal. Su apuesta prioriza crecer rápido, incluso con incertidumbre jurídica encima de la mesa.
En esos mismos documentos internos, se sugiere la ambición de llegar a ser una empresa valorada en torno a 500.000 millones de dólares en el futuro. Si ese plan saliese bien, cuando llegasen resoluciones judiciales fuertes, Suno ya sería tan grande y tan central en la industria que pararla tendría un coste enorme para todos los implicados.
El escenario para Spotify, viendo todo esto, es complejo. Por un lado, compite contra una plataforma que genera música casi gratis y a un ritmo imposible de imitar con medios humanos. Por otro lado, se enfrenta a usuarios que cada vez se sienten más cómodos con canciones creadas por algoritmos, incluso cuando no saben que lo son. La combinación presiona su modelo de catálogo y su propuesta de valor.

Suno, No está sola en esta carrera. OpenAI ya ha anunciado su intención de entrar con fuerza en el segmento de la generación de música. Viniendo de una empresa que, bajo la dirección de Sam Altman, ha causado terremotos en texto, imagen y código, este movimiento convierte a OpenAI en un rival gigantesco para Suno y en un actor que también puede redibujar la industria musical.
En cualquier caso, el próximo gran hito que conviene vigilar será la entrada pública de OpenAI en la música y los siguientes acuerdos que firme Suno con discográficas durante 2025. Si ves que más sellos grandes anuncian pactos parecidos al de Warner Music Group y que Spotify empieza a experimentar con herramientas de creación dentro de su app, es señal clara de que la música generada por IA ya no es una curiosidad, sino parte central del sistema.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.