¿Se puede usar una herramienta todos los días y, al mismo tiempo, sentir que juega en contra? Eso es lo que empieza a pasar con muchos jóvenes frente a la inteligencia artificial: ya no la miran con asombro, sino con una mezcla de cansancio, obligación y alarma. El hallazgo surge de datos recopilados por Axios y de una encuesta de Gallup a más de 1.500 estudiantes de Estados Unidos. Allí aparece una pieza clave: el entusiasmo de los jóvenes de entre 14 y 29 años por la IA cayó catorce puntos porcentuales en apenas un año.
Además, la curiosidad dejó de ser el motor central. En su lugar aparece la frustración. Casi un tercio de los encuestados dice sentirse enfadado con estos sistemas, y el mecanismo detrás de ese rechazo es claro: muchos creen que la automatización reducirá sus oportunidades de conseguir un trabajo estable.
La preocupación es más intensa entre quienes están cerca de los treinta años. Para ese grupo, el mercado laboral ya no es una idea lejana, sino una puerta que está por abrirse. Y la IA aparece como un nuevo engranaje que puede dejar afuera a quienes llegan tarde o no dominan sus reglas.
Es decir, la IA dejó de ser vista como un electrodoméstico opcional y empezó a sentirse como la central eléctrica del edificio. Si falla, complica. Si no se entiende, angustia. Y si otros la manejan mejor, la sensación es que uno queda a oscuras. Por eso aparece una contradicción que no es menor. Aunque el interés bajó, aproximadamente la mitad de los jóvenes sigue usando estas herramientas con la misma frecuencia que el año pasado. No hay fascinación, pero sí dependencia.
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Los analistas leen esa conducta como una forma de resignación. Muchos estudiantes no usan la IA porque les parezca apasionante, sino porque sienten que no tienen otra opción. Más del 50% de los alumnos de secundaria considera imprescindible aprender a manejar estas plataformas para avanzar en sus estudios.

Aquí también conviene traducir el fenómeno. El prompt (instrucción que se le da a la máquina), el chatbot (programa que conversa) o la automatización (tareas hechas por software) dejaron de presentarse como novedades. Pasaron a ser una especie de interruptor obligatorio en la escuela y, pronto, en el empleo.
Sin embargo, ese uso sostenido no trae calma. Al contrario. El estudio revela que la relación de muchos adolescentes con la IA también se cruza con otro problema más silencioso: el aislamiento. Algunos incluso recurren a conversaciones con algoritmos para aliviar la soledad.
Ese dato cambia el foco. La alta presencia de estas herramientas no siempre revela interés tecnológico genuino. A veces expone otra cosa: una necesidad emocional, una búsqueda de respuesta inmediata, o el intento de llenar un vacío con una interfaz que siempre contesta.
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El contraste con los adultos mayores también resulta llamativo. Mientras muchos trabajadores veteranos no sienten amenazados sus puestos, los jóvenes perciben la IA como una fuerza que reordena el tablero justo cuando ellos están por entrar a jugar.

Y ahí aparece una oportunidad de lectura más honesta. No se trata de una generación que “le da la espalda” a la tecnología por capricho. Se trata de jóvenes que ven una máquina poderosa, útil y cada vez más presente, pero también un sistema que les exige adaptarse sin ofrecer demasiadas certezas.
La clave, entonces, no pasa solo por enseñar a usar estas herramientas. También pasa por explicar su mecanismo, bajar la ansiedad y evitar que ese nuevo cableado digital se convierta en una fuente permanente de frustración. Porque cuando una tecnología entra en la casa de todos, ya no alcanza con que funcione: también tiene que ser habitable.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











