Según un hallazgo reportado por The Wall Street Journal a partir de datos de Equilar, OpenAI está pagando una media de 1,5 millones de dólares por empleado. Esa cifra es 34 veces superior a la media de otras tecnológicas en etapas previas a salir a bolsa, y marca un récord reciente en Silicon Valley.
Con una plantilla cercana a las 4.000 personas, el engranaje es enorme: el gasto total en compensaciones rondaría los 6.000 millones de dólares. Además, el estudio compara 18 grandes firmas tecnológicas a lo largo de 25 años y no encuentra ninguna que se acerque a estos niveles antes de un debut bursátil. En 2003, cuando Google se preparaba para salir a bolsa, su retribución media era siete veces inferior a la actual de OpenAI.

El dato no es solo un número. Revela un cambio de época: el dinero —y sobre todo las acciones— dejó de ser un extra y pasó a ser el interruptor central para retener talento en inteligencia artificial.
En parte, la explicación está en la rivalidad por los especialistas. En los últimos meses, Meta intensificó los fichajes. Su CEO, Mark Zuckerberg, llegó a ofrecer paquetes de compensación de cientos de millones de dólares a investigadores y ejecutivos de IA. Ese empuje provocó la salida de más de 20 empleados de OpenAI, entre ellos Shengjia Zhao, coautor de ChatGPT.
Frente a esa presión, OpenAI respondió con primas únicas millonarias para parte de su personal técnico e investigador. También eliminó una regla interna: el período de espera de seis meses para “consolidar” acciones, es decir, para que esas acciones pasen a ser realmente del empleado. Ese cambio incrementó el valor efectivo del paquete, como si el pago dejara de estar “en cuotas” y se volviera más inmediato.
Para entenderlo sin jerga, sirve una analogía doméstica. Imaginemos que una empresa es una casa y el talento es el electricista que conoce el plano. Si ese profesional se va, no solo falta una mano: falta la persona que sabe qué llave corta qué luz.
También te puede interesar:OpenAI Garantiza Que sus Centros de Datos No Aumentarán el Precio de la LuzEn ese escenario, las acciones funcionan como un cableado que te ata a la casa. No es solo salario mensual. Es una promesa de valor futuro: “si la casa se revaloriza, vos también ganás”. Por eso, el pago en acciones se volvió la pieza clave de la estrategia de OpenAI de cara a una salida a bolsa prevista para 2026.
Y hay un detalle con impacto: documentos internos señalan que este modelo podría generar hasta 3.000 millones de dólares anuales en pagos en acciones hasta 2030. Esa suma representaría cerca de la mitad de los ingresos que OpenAI espera para 2025. La compensación deja de ser un costo “administrativo” y pasa a ser un motor financiero en sí mismo.
Ahora bien, este mecanismo tiene dos caras. Por un lado, ayuda a evitar que la competencia desarme equipos en un sector donde una sola salida puede retrasar años de trabajo. Sam Altman, fundador de OpenAI, plantea que retener perfiles interesantes es una cuestión de supervivencia: la industria avanza tan rápido que una fuga puede comprometer el rumbo.
Por el otro, el costo salarial eleva las pérdidas operativas. Y el pago masivo en acciones diluye a los accionistas actuales, porque se reparte la “torta” entre más manos. Es una apuesta: sostener el presente para no perder el futuro.
Mientras la IA se vuelve más central en productos cotidianos, esta guerra silenciosa por cerebros define qué modelos se construyen, con qué velocidad y en manos de quién. A veces, la innovación no se enciende con un algoritmo: se enciende con el interruptor del salario.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.