¿Cuántas veces en la semana respondés “después te llamo” y ese “después” se evapora entre notificaciones, reuniones y tareas? A veces la eficiencia parece un interruptor que se enciende solo. Y, sin darte cuenta, deja a las relaciones humanas en modo “opcional”.
Sin embargo, un hallazgo con peso de evidencia histórica revela lo contrario. El Harvard Study of Adult Development, un seguimiento de 85 años a más de 2.000 personas, concluye que la calidad de los vínculos predice mejor la felicidad y la longevidad que los genes, la clase social o el coeficiente intelectual.
Según Robert Waldinger, director del estudio, las personas más conectadas con familia, amigos y comunidad son más felices, físicamente más sanas y viven más que quienes están menos conectadas. Es una pieza clave en un momento extraño: en 2026, los indicadores de soledad avanzan en dirección opuesta a lo que la ciencia ya dejó claro.
En Chile, el Termómetro de Salud Mental ACHS-UC 2025 mostró que el 19% de la población se siente aislada o excluida socialmente, tres puntos más que el año anterior. Y el grupo de 30 a 39 años aparece como el más golpeado, con un 26,6% que declara sentirse solo. A nivel global, un 41% dijo haberse sentido más solo en los últimos seis meses.
Mientras tanto, parte de la industria tecnológica empuja la idea de que la inteligencia artificial podría “reemplazar la amistad”. Ahora bien, ese mensajepromete compañía inmediata, sin fricción, sin silencios incómodos. Pero también puede desactivar un mecanismo central de la vida cotidiana. Porque la amistad real no solo “acompaña”. También te corrige, te sostiene y te obliga a pensar.

En el Congreso Futuro 2026, expertos alertaron sobre el riesgo del “humano disminuido”: alguien que, por comodidad, delega en la IA facultades críticas como memoria, síntesis y creatividad. Es un tipo de delegación que se siente liviana al principio, como cuando dejás bolsas en el auto para no cargar peso. Pero después descubrís que perdiste fuerza.
También te puede interesar:OpenAI Presenta un Agente para Investigación ProfundaEn ciencias cognitivas existe un nombre para ese engranaje: cognitive offloading (descarga mental de tareas). Se trata de trasladar al dispositivo o a la IA el esfuerzo de buscar, comparar o ordenar ideas. La clave es que el músculo no usado se atrofia.
Un estudio de 2025 con 666 participantes encontró una correlación negativa significativa entre el uso frecuente de herramientas de IA y las habilidades de pensamiento crítico. En particular, los jóvenes de 17 a 25 años mostraron mayor dependencia de la IA y peores puntuaciones que los grupos de mayor edad.
El problema central, entonces, no es la velocidad del avance tecnológico. Es el deterioro del pensamiento crítico por falta de uso. Delegar búsqueda y análisis en máquinas que procesan datos sin contexto ni ética puede achicar la capacidad humana de cuestionar y decidir con criterio propio.
Y ese mismo patrón se cuela en el trabajo. En muchas organizaciones, la obsesión por automatizar procesos y optimizar KPIs dejó en segundo plano la construcción de relaciones. Equipos que trabajan en paralelo, cada uno frente a su pantalla, levantan estructuras sin cimientos sólidos.
El estudio de Harvard también advierte otra pieza incómoda: vivir en conflicto constante es muy dañino para la salud. Incluso, los matrimonios conflictivos y con poco afecto pueden ser más perjudiciales que el propio divorcio. La conexión importa, pero también importa su calidad.
En este tablero, la innovación más útil no consiste en “hablar más con máquinas”. Consiste en usar la tecnología para liberar tiempo y fortalecer lo irreemplazable: pensamiento crítico y conexión emocional. Por eso, una práctica concreta propuesta es crear espacios para conversaciones reales en los equipos, sin agenda ni objetivos medibles.
También te puede interesar:¿La IA nos Hace Más tontos?: El MIT Revela el Impacto Oculto de la IA en el AprendizajeSi esa última respuesta tarda en aparecer, el indicador no es tecnológico. Es relacional. Y la oportunidad está ahí: entrenar ese músculo con la misma disciplina con la que se entrena cualquier hábito que sostiene la vida.
En un mundo que promete eficiencia a un clic, la ventaja competitiva real no es un algoritmo: es tener a alguien del otro lado de la línea.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.