Según el II Barómetro de la IA y el talento de NTT DATA: el 62% de los CEO en España usa IA en sus tareas diarias. Además, tres de cada cuatro empleados ya recibieron formación para manejar estas herramientas en el trabajo.
No se trata solo de jefes probando una novedad. El estudio revela que algo menos de la mitad de los empleados ya experimentó con agentes de IA, programas que ejecutan tareas de forma autónoma dentro de un objetivo marcado. Y entre quienes más la usan, el 43% ocupa puestos intermedios y el 57% cargos directivos.

La pieza clave es que la mayoría de las empresas españolas ya metió la IA en su hoja de ruta estratégica. Muchas siguen analizando su impacto real, pero prácticamente todas dejaron atrás la fase de desconocimiento y avanzaron hacia la implementación.
El cambio no ocurre de golpe. Igual que en una casa no alcanza con comprar un electrodoméstico si la instalación no acompaña, en una compañía no basta con abrir una cuenta en una herramienta de IA. Hace falta formación, reglas de uso, datos ordenados y un interruptor claro sobre quién decide qué.
Ahí aparece otra señal importante del barómetro. La madurez de la IA en España subió de 2,63 a 2,78 puntos sobre 5 en 2025. No es un salto espectacular, pero sí un movimiento constante que confirma una evolución hacia la aplicación activa.
El mapa de una adopción desigual
Los sectores no avanzan a la misma velocidad. Banca y servicios financieros lideran con 3,11 puntos sobre 5. Energía ocupa el segundo lugar con 2,95. En el otro extremo, la Administración Pública y la Educación registran 2,4, mientras la industria cierra la lista con 2,19.

La explicación también es bastante doméstica. Algunas organizaciones ya tenían el “enchufe” preparado por años de digitalización, inversión tecnológica y presión competitiva. Otras todavía están cambiando piezas del sistema: talento digital, cultura organizativa, regulación o calidad del dato.
En paralelo, salud, farmacéutica y biotecnología, seguros y telecomunicaciones destacan por integrar la IA en la experiencia del empleado. En muchos casos, el primer paso es básico pero decisivo: habilitar herramientas simples antes de aspirar a automatizaciones más complejas.
Seguridad, ética y una oportunidad real
Otro dato relevante es que la seguridad y la ética de la IA alcanzan 2,89 puntos, el segundo aspecto mejor valorado. Eso revela un engranaje menos visible, pero decisivo: políticas de uso, controles éticos y gestión de la calidad del dato, es decir, verificar que la información que entra al sistema sea fiable.
Ese avance importa porque la IA no solo promete velocidad. También obliga a poner barandillas. Si el motor corre más rápido, el conductor necesita mejores frenos y un tablero más claro.
El informe de NTT DATA deja una advertencia sencilla: la oportunidad no está solo en usar IA, sino en integrarla en el ADN de la organización. Cuando esa pieza encaja, la tecnología deja de ser un experimento y pasa a ser una herramienta que, como la luz en casa, se vuelve invisible justo cuando empieza a funcionar de verdad.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











