Según contó Bloomberg, un tribunal federal de California concedió a Amazon una orden preliminar contra Perplexity. El hallazgo judicial bloquea, al menos de forma temporal, que los agentes de IA del navegador Comet compren en Amazon en nombre de los usuarios.
La jueza Maxine Chesney fue clara: Amazon presentó pruebas sólidas de que Comet accedía sin autorización a zonas protegidas por contraseña. Y ahí aparece la pieza clave del caso: aunque el usuario le hubiera dado permiso al agente, ese consentimiento no alcanza si el dueño del sistema ya retiró su autorización.
Perplexity sostiene lo contrario. La empresa defiende que cada persona debería poder decidir qué IA actúa en su nombre en la web y ya apeló la medida, que además tiene una suspensión administrativa de siete días antes de activarse por completo. La discusión parece técnica, pero en realidad se entiende mejor con una escena doméstica. No es solo quién tiene la llave, sino quién controla la puerta y el cableado de la alarma.
Además, Amazon acusó a Perplexity de camuflar parte de la actividad automatizada como navegación humana normal. Es decir, no solo entraba, sino que intentaba moverse como alguien que conoce el mecanismo de la casa y busca no activar sensores.
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El tribunal estima probable que Amazon gane el caso en el fondo del litigio bajo la ley federal de fraude y abuso informático. Ese engranaje legal se apoya también en un dato concreto: la compañía dijo haber gastado más de 5.000 dólares en tiempo y recursos para detectar y frenar el acceso de Comet.

Puede parecer una cifra menor para una empresa de ese tamaño, pero funciona como una pieza clave. Sirve para mostrar daño real y, además, para advertir sobre un escenario futuro en el que otros asistentes de IA intenten hacer lo mismo a gran escala.
Ahí aparece la oportunidad y también el riesgo del llamado comercio agéntico, la compra automatizada por asistentes inteligentes. Estos sistemas pueden buscar productos, comparar precios y ejecutar la opción más barata sin intervención humana inmediata.
Pero ese mismo mecanismo puede usarse para tareas menos inocentes. Un agente podría, por ejemplo, comprar grandes lotes de memoria RAM apenas bajen de cierto precio, como si un dedo invisible estuviera siempre apoyado sobre el botón de “comprar ahora”.
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La orden obliga a Perplexity a no acceder ni intentar acceder a sistemas protegidos de Amazon mediante agentes de IA. También le prohíbe usar o crear cuentas para facilitar ese acceso, le exige destruir las copias de datos obtenidas de ese modo y notificar la decisión a su personal para certificar su cumplimiento.
Además, la jueza rechazó exigir a Amazon una fianza de 1.000 millones de dólares, como pedía Perplexity. Señaló que la cautelar no golpea el valor total de Comet ni de toda la empresa.
Lo más importante es el precedente. Si esta decisión se confirma, revela que un agente de IA no hereda automáticamente los derechos del usuario sobre una plataforma de terceros. Esa clave podría extenderse a reservas, banca, comparadores de precios y otros servicios donde la IA quiere actuar como intermediaria.
La señal para la industria es nítida: la IA puede ser un asistente útil, pero no un pase libre. Y en la web que viene, tan importante como la inteligencia del agente será saber qué puertas realmente puede abrir.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











