Figma acaba de anunciar una integración con Codex, la herramienta de programación con IA de OpenAI, y el mensaje es bastante claro: diseño y código ya no van a vivir en pisos separados.
Si tu flujo de trabajo hoy salta de un lienzo a un IDE y de vuelta al diseño, esta novedad promete recortar fricción de forma drástica. La clave está en que puedes empezar en Figma (desde el diseño) o arrancar en Codex (desde el código) y moverte entre ambos sin sentir que estás “exportando” y “reimportando” media vida cada vez que haces un cambio.
Ahora bien, esto no ocurre en el vacío. El anuncio llega apenas una semana después de que Figma hiciera una jugada muy similar con Anthropic para integrar Claude Code, lo que deja claro que estamos ante una estrategia más amplia y no ante una colaboración aislada.
Aquí el detalle técnico relevante no es el logo de OpenAI, sino el puente que hace posible esta comunicación fluida. La integración se apoya en el servidor MCP (Model Context Protocol) de Figma, que permite un intercambio continuo de contexto entre herramientas.
En otras palabras, no se trata solo de generar “código bonito” a partir de un mockup, sino de pasar de una plataforma a otra con toda la información necesaria para seguir iterando sin tener que empezar desde cero. La promesa es continuidad real: contexto que viaja, decisiones que se mantienen y menos fricción entre lo que se imagina y lo que se implementa.
Antes de esta integración, ya era posible llevar a Codex detalles de archivos de Figma, Figma Make o FigJam para convertirlos en código. Sin embargo, ese flujo era mayormente unidireccional: del diseño hacia la implementación, con cierto aroma a handoff clásico, aunque potenciado con IA.
Lo que ahora se pone sobre la mesa es algo distinto: bidireccionalidad y continuidad. Puedes comenzar donde prefieras y cambiar de herramienta sin romper el ritmo de trabajo, manteniendo el mismo hilo creativo y técnico.
Figma no está ocultando su filosofía; al contrario, la está subrayando. Loredana Crisan, directora de diseño de Figma, explica que el objetivo es ayudar a los equipos a desarrollar sus mejores ideas, no solo la primera que funciona, combinando código con creatividad, colaboración y el ya característico “lienzo infinito” de la plataforma.
La implicación es clara: iterar más y mejor, porque el coste de probar alternativas disminuye cuando no es necesario pedirle a “la otra parte” que traduzca tu intención. Cuando diseño y desarrollo comparten contexto, el margen para experimentar crece.

Desde el lado de OpenAI, el marco narrativo también es coherente. Alexander Embiricos, responsable de producto de Codex, sostiene que esta integración amplía la utilidad de la herramienta al no asumir que llegas etiquetado como “diseñador” o “ingeniero”. La frontera entre ambos perfiles se vuelve más porosa.
En la práctica, un desarrollador puede iterar visualmente sin abandonar su flujo técnico, mientras que un diseñador puede acercarse a la implementación real sin tener que convertirse en programador a tiempo completo. Y quien haya sufrido un handoff tradicional sabe que el peor error no suele ser un bug de código, sino una intención mal traducida entre equipos.
También te puede interesar:Figma Integra la IA de Google Gemini en su Plataforma de DiseñoEsta integración no se presenta como un experimento, sino como una funcionalidad que aterriza sobre una base de usuarios considerable. OpenAI lanzó inicialmente Codex el año pasado como asistente de programación en línea de comandos, con la ambición explícita de competir con Claude Code y otras soluciones orientadas a desarrolladores avanzados.

En sus inicios, estaba claramente enfocado en perfiles técnicos acostumbrados a la terminal y a los atajos, no en quienes buscan simplemente presionar un botón y delegar todo a la automatización. Sin embargo, el siguiente paso era previsible: Codex terminó integrado en ChatGPT, el entorno donde ya interactúa una parte significativa del ecosistema de IA.
A principios de este mismo mes, OpenAI lanzó además una aplicación específica de macOS para Codex. Un cliente dedicado suele ser señal de que el producto deja de ser una función secundaria y pasa a convertirse en una apuesta con vocación de uso diario.
Las cifras refuerzan esa percepción. La app de macOS de Codex alcanzó un millón de descargas durante su primera semana, y poco después OpenAI presentó dos nuevos modelos de Codex, dejando claro que la iteración será constante y acelerada. Además, la compañía afirma que más de un millón de usuarios utilizan Codex semanalmente, un dato que sugiere adopción significativa dentro del mundo creador y técnico, más allá del nicho de early adopters.
Figma lleva tiempo intentando posicionarse como algo más que “la herramienta donde diseñas pantallas”. Ya era un socio destacado de OpenAI y estuvo entre las primeras compañías en lanzar una app dentro de ChatGPT en octubre de 2025, consolidando su presencia dentro del ecosistema de IA generativa.
Integrar en cuestión de días tanto a OpenAI como a Anthropic no es solo pragmatismo; es también una declaración de independencia frente a depender de un único proveedor de modelos. Figma parece querer convertirse en el lugar donde aterriza el trabajo, independientemente de qué modelo esté operando por debajo.

En ese contexto, el MCP funciona como capa de interoperabilidad: si el contexto fluye correctamente, el usuario percibe continuidad aunque detrás existan distintos agentes y pipelines. El resultado es una experiencia más coherente y menos fragmentada.
Este movimiento, además, presiona al resto del stack. IDEs, plataformas de prototipado, suites de producto y herramientas de gestión tendrán que responder con flujos igual de fluidos si no quieren quedar rezagadas. Cuando el estándar pasa a ser iterar sin fricción entre lo visual y lo ejecutable, todo lo demás empieza a sentirse lento o desarticulado.
Al final, el éxito no se medirá por lo atractivo del anuncio, sino por algo mucho más cotidiano: si en el día a día se reducen tickets, disminuyen malentendidos y el diseño final se parece más a lo que realmente se despliega en producción. Si esta integración consigue que los equipos dediquen menos tiempo a traducirse y más tiempo a decidir, entonces estaremos ante uno de esos cambios que parecen pequeños por fuera, pero resultan enormes por dentro.
Viendo la velocidad a la que OpenAI está impulsando Codex y la ambición de Figma por consolidarse como el “lienzo” central del trabajo digital, todo apunta a una tendencia clara: el futuro del producto digital se construirá con diseño y código hablando el mismo idioma, casi en tiempo real.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.