ChatGPT acaba de atravesar una de esas crisis que no se solucionan con un simple parche de software. En Estados Unidos, las desinstalaciones se dispararon tras conocerse el acuerdo de OpenAI con el Departamento de Defensa, rebautizado por la administración Trump como “Department of War”. Lo que parecía un movimiento estratégico terminó convirtiéndose en un problema reputacional de alto voltaje.
El sábado 28 de febrero, la app móvil de ChatGPT registró un +295% interdiario en desinstalaciones, según datos de Sensor Tower. En los últimos 30 días, la tasa típica de desinstalación interdiaria rondaba apenas el 9%. No se trata solo de métricas de App Store o Google Play, sino de una señal clara sobre confianza y percepción pública cuando una IA se vincula con temas de defensa.
El impacto no se limitó a quienes decidieron borrar la aplicación. Las descargas de ChatGPT en EEUU cayeron un 13% interdiario el sábado, poco después de hacerse pública la noticia, y el domingo volvieron a bajar otro 5%. El giro resulta más evidente si se compara con el viernes previo al anuncio, cuando la app crecía un 14% interdiario.
En otras palabras, no hablamos de un desgaste natural o de una desaceleración progresiva, sino de un cambio brusco de tendencia directamente vinculado al ciclo informativo. Cuando una app pasa de crecer con fuerza a perder tracción en cuestión de 24 a 48 horas, la correlación deja de parecer casual.
Mientras OpenAI entraba en terreno políticamente delicado, Anthropic optó por el movimiento contrario con su modelo Claude: anunció que no se asociaría con el Departamento de Defensa de EEUU bajo esos términos. El resultado fue inmediato. Claude subió un 37% interdiario en descargas el viernes 27 de febrero y un 51% el sábado 28.

La compañía no presentó la decisión como un gesto simbólico, sino que argumentó preocupaciones concretas: el uso de IA para vigilancia masiva de ciudadanos estadounidenses y para armamento totalmente autónomo. Además, sostuvo que la tecnología aún no está preparada para asumir ese tipo de tareas de forma segura. En términos de percepción pública, el mensaje fue sencillo y potente: “no firmamos eso”.
También te puede interesar:OpenAI recauda $6.6 mil millones y alcanza una valoración de $157 mil millonesEl impulso no quedó escondido en métricas técnicas. Claude alcanzó el número 1 en la App Store de EEUU el sábado 28 de febrero y se mantuvo en esa posición al menos hasta el lunes 2 de marzo. No fue un pico de horas, sino una subida sostenida que refleja tracción real.
En comparación con una semana antes, el ascenso fue de más de 20 posiciones. Cuando una aplicación escala tanto en tan poco tiempo, suele existir un detonante claro: un gran lanzamiento, una campaña masiva… o una polémica que empuja a los usuarios a probar la alternativa.
Si las descargas indican comportamiento, las reseñas reflejan estado de ánimo. Según Sensor Tower, las valoraciones de 1 estrella de ChatGPT aumentaron un 775% el sábado y otro 100% interdiario el domingo. Al mismo tiempo, las reseñas de 5 estrellas se redujeron un 50%.
El dato es relevante porque muestra un doble efecto: no solo entraron usuarios enfadados a puntuar negativamente, sino que también desapareció parte del “colchón” de valoraciones positivas. Las reseñas no son un estudio científico, pero cuando se mueven con esa violencia, revelan un cambio emocional colectivo.
La tendencia no proviene de una sola fuente. Además de Sensor Tower, la firma Appfigures señaló que, por primera vez, las descargas diarias de Claude en EEUU superaron a las de ChatGPT ese sábado, estimando para Claude una subida del 88% interdiario.

El fenómeno tampoco se limitó al mercado estadounidense. Según Appfigures, Claude se convirtió en la app gratuita número 1 de iPhone en Bélgica, Canadá, Alemania, Luxemburgo, Noruega y Suiza. Por su parte, Similarweb estimó que las descargas de Claude en EEUU durante la última semana fueron aproximadamente 20 veces superiores a las que tenía en enero.
También te puede interesar:ChatGPT Amplía el Modo de Voz Avanzada para Usuarios Gratuitos de EuropaAhora bien, incluso Similarweb introdujo un matiz importante: el crecimiento podría explicarse por factores adicionales, como mejoras de producto, mayor visibilidad en redes o simple curiosidad. No todo puede atribuirse automáticamente a la polémica política.
Lo realmente relevante no es quién ocupa el primer puesto hoy, sino la señal que deja este episodio. Una parte del público ha demostrado que sí reacciona ante decisiones corporativas cuando entran en terrenos sensibles como defensa y vigilancia. La incógnita es si ese castigo será temporal o si marcará un cambio de hábito.

Es probable que muchos usuarios regresen si OpenAI compensa con nuevas funciones o modelos más avanzados; la comodidad y el ecosistema pesan mucho. Sin embargo, el debate sobre IA y defensa no desaparecerá. A medida que los modelos se vuelven más capaces, también crece la tentación de integrarlos en inteligencia, vigilancia y sistemas autónomos.
Estamos entrando en una fase donde ya no se comparan solo benchmarks y velocidad de respuesta. También se comparan ética, contratos y alineamientos estratégicos. La pregunta no es únicamente qué IA es más potente, sino a quién le das tu confianza cuando decides conversar —y depender— de un sistema que aprende de medio Internet.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.