El hallazgo que planteó Ricardo Lorenzetti el 17 de marzo, al inaugurar la Diplomatura en Derecho de la Inteligencia Artificial en la Universidad de San Isidro, va en esa dirección: la IA no debe mirarse como un artefacto aislado, sino como parte de un ecosistema tecnológico más amplio. En esa clase participaron también el juez Mariano Borinsky y el coordinador Juan Manuel Garay.
Según explicó Lorenzetti, la pieza clave no es solo que la tecnología haga tareas más rápido. El cambio de fondo es otro: la IA puede sustituir actividad humana, incluso en la toma de decisiones. Ahí aparece un mecanismo nuevo, distinto al de máquinas anteriores, que funcionaban más como instrumentos que como reemplazos.

“La Inteligencia Artificial no puede analizarse de manera aislada”, sostuvo Lorenzetti. Y subrayó que este nuevo engranaje no tiene una central única de control, porque lo empujan al mismo tiempo Estados, empresas e individuos en todo el mundo.
La analogía más clara es la de una casa que de pronto cambia todo su cableado. Antes, la tecnología era como un electrodoméstico: una heladera, una lámpara, un lavarropas. Cumplía una función concreta. Ahora la IA se parece más al tablero eléctrico de toda la vivienda: enciende, apaga, distribuye energía y hasta decide qué circuito recibe prioridad.
También te puede interesar:Roli Airwave: La combinación perfecta de IA y gestos para aprender pianoEse es el interruptor que preocupa al derecho. Si una herramienta organiza documentos, redacta textos o sugiere decisiones, ya no ocupa solo la mesa de trabajo. Empieza a tocar la estructura del sistema. Y cuando toca la estructura, también toca la libertad, la privacidad, la igualdad y el control del poder.
Además, Lorenzetti advirtió que la velocidad del cambio complica la adaptación social. En apenas 40 años, se pasó de un mundo sin internet a uno donde los datos personales alimentan algoritmos, sistemas automáticos que detectan patrones, capaces de orientar conductas y reforzar sesgos.
Un motor potente, pero sin conductor único
Ese punto también tiene una traducción doméstica. La IA no funciona como un auto con un solo volante. Se parece más a un vehículo al que varios pasajeros intentan girar al mismo tiempo. Unos son gobiernos, otros son empresas y otros, usuarios comunes. El resultado es un movimiento potente, pero difícil de regular.

De ahí surgen varios riesgos prácticos. Lorenzetti habló de desempleo masivo global por automatización, el reemplazo de tareas por sistemas automáticos, incluso en profesiones altamente calificadas. También alertó sobre burbujas informativas, entornos donde una persona recibe siempre versiones parecidas de la realidad, lo que puede intensificar la polarización social.
También te puede interesar:Roli Airwave: La combinación perfecta de IA y gestos para aprender pianoBorinsky, por su parte, fue categórico al señalar que la IA ya forma parte del presente jurídico. No la describió como una promesa futura, sino como una herramienta en uso, cada vez más veloz en su adopción.
El juez marcó desafíos concretos: cómo tratar documentos generados por algoritmos, cómo evaluar pruebas obtenidas mediante IA y quién responde cuando abogados o empresas usan sistemas que no comprenden del todo. La clave, dijo, es que la justicia mantenga un componente humano.
En esa misma línea, mostró un caso práctico con NoteBookLM, una herramienta capaz de sintetizar información compleja, con la que se generó en poco tiempo un video y una presentación a partir de un fallo extenso. El ejemplo reveló una oportunidad concreta: usar IA para ordenar, resumir y comunicar mejor, sin quitar del centro el criterio profesional.
Garay reforzó esa idea al destacar que la diplomatura prioriza la práctica y el uso directo de herramientas. No se trata solo de discutir conceptos. Se trata de entender qué botón toca cada sistema antes de dejarlo entrar al tablero.
Porque, al final, el derecho no enfrenta un aparato extraño. Enfrenta un nuevo cableado. Y cuanto antes se entienda cómo circula esa corriente, más chances habrá de que la justicia siga teniendo una mano humana sobre el interruptor.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











