Open AI ha publicado un documento con propuestas para la llamada “era de la inteligencia”. El texto plantea una semana laboral de cuatro días, sin recorte salarial en proyectos piloto, y un fondo de riqueza pública que repartiría parte del crecimiento económico de la IA entre los ciudadanos, tengan o no empleo.
Pero el hallazgo político llega en un momento delicado. Una investigación de The New Yorker, basada en más de 100 testimonios, cuestiona con dureza la figura de Sam Altman y revela un mecanismo repetido en varias críticas: prometer una cosa hacia afuera y activar otra muy distinta puertas adentro.

La pieza clave del debate no es solo si la IA quitará empleos. También es quién controla el cableado de esa transición y con qué nivel de transparencia lo hace.
OpenAI propone aplicar impuestos al trabajo automatizado para sostener sistemas como la seguridad social. La idea busca amortiguar el golpe si una tarea pasa de manos humanas a manos de software. En términos simples, la empresa sugiere que si una máquina ocupa una silla, parte de ese ahorro vuelva a la mesa común.
También te puede interesar:OpenAI, Anthropic y Google se Alían para Frenar las Copias Chinas de sus Modelos de IALa analogía doméstica ayuda a entender el movimiento: OpenAI quiere presentar la IA como una nueva central eléctrica. Si esa central produce más energía y abarata la casa, una parte de ese beneficio debería volver a todos los vecinos, no solo al dueño del edificio.
Ese es el corazón del documento. La IA, en esta visión, no sería solo un motor de productividad, sino un engranaje capaz de financiar más descanso, más protección social y una nueva distribución de riqueza.
El interruptor social y la grieta reputacional
Sin embargo, la oportunidad tropieza con un problema de confianza. Excolaboradores como Ilya Sutskever y Dario Amodei, hoy en posiciones rivales, han sido categóricos al cuestionar a Altman. Las acusaciones apuntan a falta de franqueza, manipulación y prioridad del crecimiento sobre la seguridad.

La escena no es nueva. El despido y posterior regreso de Altman ya había tenido como pieza central las dudas sobre sus comunicaciones con el consejo. Ahora ese historial vuelve a encenderse justo cuando OpenAI necesita credibilidad para vender una visión más amable del futuro laboral.
También te puede interesar:OpenAI, Anthropic y Google se Alían para Frenar las Copias Chinas de sus Modelos de IATambién aparece Jan Leike, responsable de superalineamiento, el área centrada en que sistemas muy avanzados sigan objetivos humanos. Leike dimitió en mayo de 2024 y luego explicó en un hilo en X que la seguridad había perdido prioridad frente a productos más vistosos. Esa salida reforzó la idea de que el interruptor interno estaba puesto en otra parte.
Incluso voces externas arrastran esa sombra. El conocido programador Aaron Swartz, que llegó a esa valoración tras conocer a Altman, murió en 2013, pero su nombre reaparece como una señal temprana de un carácter que otros hoy vuelven a discutir.
Eso no invalida por completo las propuestas de OpenAI. En una industria feroz, algunas críticas pueden estar atravesadas por intereses competitivos, sobre todo mientras Anthropic gana prestigio y la empresa busca reenfocar su estrategia hacia áreas más rentables.
La clave es otra: las ideas sobre cuatro días de trabajo, dividendos de IA e impuestos a la automatización pueden sonar razonables, incluso necesarias. Pero para que ese mecanismo social funcione, la sociedad necesita confiar en que el tablero no está amañado.
Si la inteligencia artificial va a convertirse en la nueva central de la economía, no alcanzará con prometer luz más barata. También hará falta demostrar quién tiene la llave del cuarto eléctrico y cómo la usa.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.











