¿Qué pasa cuando en una oficina cualquiera todos pueden encender “ayudantes” digitales con un clic, pero nadie lleva la cuenta? La escena suena cómoda al principio. Después puede parecerse más a una casa donde cada persona instala un electrodoméstico nuevo sin mirar el tablero eléctrico.
Eso es lo que empieza a revelar Gartner sobre los agentes de inteligencia artificial en grandes compañías. Su proyección indica que para 2028 una empresa promedio del Fortune 500 tendrá más de 150.000 agentes activos, frente a menos de 15 en 2025. El salto supera las 10.000 veces en apenas tres años.
La pieza clave del problema no es solo la cantidad. Herramientas como Cowork de Anthropic, pensadas para que empleados sin saber programar creen agentes de IA, abrieron una oportunidad enorme, pero también un nuevo frente de desorden. Según los datos citados, solo el 13% de las organizaciones cree tener una gobernanza adecuada para gestionarlos.

Y ahí aparece el hallazgo más incómodo: la democratización funcionó.
También te puede interesar:Claude Cowork: la IA Que Renombra, Ordena y Limpia Miles de Archivos Sin Que Hagas NadaEmpresas como DaVita, FICO, Lyft, GitLab y Magnum Ice Cream admiten que perdieron visibilidad sobre cuántos agentes tienen, dónde operan, qué datos tocan o cuánto cuestan. DaVita ya supera los 10.000 agentes creados por sus propios empleados. En FICO, entre 3.500 trabajadores, aparecen decenas de agentes nuevos cada día.
La analogía más clara es doméstica. Un agente de IA es como un aparato conectado a la red de una casa: uno puede ser una lámpara útil, otro una heladera eficiente. Pero si cada ambiente suma artefactos, cables, zapatillas y extensiones, el sistema central deja de ver qué consume, qué está mal enchufado y qué podría provocar un cortocircuito.
En las empresas ocurre algo parecido. Estos agentes no son simples asistentes de texto. Pueden ejecutar acciones, conectarse a sistemas, entrar a bases de datos y tomar decisiones automáticas.
Por eso el viejo problema de la “tecnología en la sombra” ahora tiene otro peso. Antes era una app no autorizada. Ahora puede ser un agente autónomo, es decir, un software que actúa solo, funcionando en un departamento sin registro oficial y con permisos sensibles.
También te puede interesar:Claude Cowork: la IA Que Renombra, Ordena y Limpia Miles de Archivos Sin Que Hagas NadaEl cableado invisible de los costos
Además, cada agente consume tokens (unidades de cómputo facturables). Ese detalle técnico, que al comienzo parecía menor, se convirtió en el interruptor financiero de toda esta historia. Muchas empresas adoptaron agentes sin medir cuánto costaría mantener miles de procesos activos todos los días.
Así, el problema dejó de ser solo técnico. Pasó a ser económico y operativo. El mecanismo es simple: cuantos más agentes trabajan, más recursos usan; y cuanto menos control existe, más difícil resulta saber quién paga, qué valor generan y cuál es la fuga real.

DaVita ya montó una plataforma interna para ajustar ese engranaje. Reduce recursos a los agentes poco eficientes y refuerza a los más productivos. Es, en términos simples, como bajar la electricidad en habitaciones vacías y llevarla a los equipos que sí están haciendo trabajo útil.
Mientras tanto, Microsoft detectó que el 80% de las empresas Fortune 500 ya usa agentes activos, pero solo el 10% tiene una estrategia formal para administrarlos. También se documentaron incidentes graves, incluso agentes con permisos capaces de borrar bases de datos de producción. Uno de esos casos fue reportado en el entorno de Replit, según la compañía.
La oportunidad y el riesgo
Anthropic empezó a sumar funciones de control de costes, auditorías, analítica de uso y bibliotecas de complementos. El movimiento apunta al corazón del problema: hacer visible el cableado. Sin embargo, esas soluciones llegan cuando muchas organizaciones ya tienen el sistema lleno de conexiones improvisadas.
Bloquear estas herramientas tampoco garantiza orden. De hecho, varios expertos advierten que cerrar el acceso oficial puede empujar a empleados a usar IA en la sombra, con todavía menos supervisión.
La clave, entonces, no parece ser apagar el tablero. Parece ser etiquetar cada cable, revisar permisos y decidir qué agentes merecen seguir enchufados. En esa tarea se juegan los costos, la seguridad y una parte creciente de la rutina diaria de las empresas.
La promesa de una IA al alcance de todos sigue en pie. Pero ahora el desafío es más concreto: que esa nueva central digital no termine funcionando como una casa brillante por fuera y peligrosamente saturada por dentro.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.









