¿Le pedirías a una máquina que te ordene un texto o que te arregle un error de código? Probablemente sí. ¿Pero confiarías en ella para decidir qué diseño emociona, guía la mirada y hace que algo se sienta “bien”? Ahí aparece un límite mucho menos obvio.
Ese es el hallazgo que puso sobre la mesa Andrew Ambrosino, responsable de Codex en OpenAI. Según explicó, diseñar sigue siendo más complejo para la inteligencia artificial que programar, porque el diseño no se valida solo con reglas duras: depende de criterio, sensibilidad y una evaluación que no siempre tiene una respuesta única.

Además, la idea fue reforzada por Dylan Field, CEO de Figma, quien sostiene que la IA no reemplazará a los diseñadores humanos. La pieza clave, según ambos, es que estos modelos aprenden de patrones ya existentes y, por eso, suelen entregar resultados correctos, pero promedio.
“Hay que reconocer el mérito del cerebro humano”, resumió Ambrosino al describir una tarea en la que todavía pesa mucho más que la técnica pura.
También te puede interesar:OpenAI Lanza el Modo Visión en Tiempo Real y Compartir Pantalla en EuropaLos modelos de IA funcionan con entrenamiento sobre grandes distribuciones de datos, es decir, enormes colecciones de ejemplos previos. Ese mecanismo les permite detectar regularidades y acelerar tareas. Pero también los empuja hacia el centro del mapa: repiten lo que ya vieron y les cuesta salir de lo esperable.
Por eso, entrenarlos para distinguir entre buen y mal diseño resulta más tedioso que prepararlos para programar. En software hay pruebas objetivas. En diseño, la evaluación cambia según el contexto, la audiencia y hasta el momento cultural.
El engranaje creativo que todavía falta
Bas, músico y observador del impacto de estas herramientas, señaló que sigue siendo necesario el gusto humano para que la IA produzca algo realmente atractivo. No es un detalle menor. Es la clave que separa una respuesta inmediata de una propuesta con identidad.
De hecho, la inteligencia artificial ya demuestra utilidad como asistente. Puede generar bocetos, ordenar ideas, proponer variantes y ahorrar tiempo en tareas repetitivas. En ese rol, actúa más como una oficina que adelanta trámites que como un director creativo capaz de cerrar una campaña impecable por sí solo.
También te puede interesar:OpenAI Lanza el Modo Visión en Tiempo Real y Compartir Pantalla en Europa
Eso también cambia la conversación sobre el empleo. Por ahora, los trabajos creativos aparecen relativamente a salvo del reemplazo total. La oportunidad no está en competir contra la máquina en velocidad, sino en usarla como herramienta y sumar nuevas habilidades, como escribir prompts (instrucciones precisas para la IA) o entender algo de programación aplicada.
Sin embargo, el mensaje de fondo no es de freno, sino de ajuste. La IA avanza, pero no en todos los terrenos con la misma precisión. Y en diseño, donde importan tanto el gusto como la intención, todavía le falta una central humana que decida qué vale la pena mostrar.
Tal vez por eso el futuro cercano no sea una pantalla llena de diseños perfectos hechos en soledad por algoritmos, sino un taller compartido. La máquina acercará piezas, acelerará el mecanismo y encenderá algunas luces. Pero, al menos por ahora, la mano que acomoda los muebles sigue siendo humana.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.










