¿Tiene sentido seguir llenando la cabeza de datos como si fuera una alacena, cuando hoy el celular ya puede encontrar, ordenar y explicar casi cualquier dato en segundos? Esa pregunta, que ya ronda muchas mesas familiares, quedó en el centro de un nuevo debate sobre educación e inteligencia artificial.

Martín Varsavsky fue categórico al plantearlo: memorizar lo que la IA ya sabe dejó de perder valor como mérito principal. El empresario, padre de siete hijos, cuestiona la enseñanza tradicional en un contexto donde herramientas como Khanmigo y los grandes modelos de IA dominan el conocimiento declarativo, es decir, la información que puede recordarse y repetirse.

Martín Varsavsky

Su idea no aparece aislada. El Informe Global de Habilidades 2025 de Coursera revela que el pensamiento crítico se convirtió en la habilidad más demandada, por encima de las competencias técnicas. Además, los cursos de inteligencia artificial generativa crecieron un 195% interanual, una señal de que el mercado ya está moviendo el engranaje hacia otro lado.

La clave, según Varsavsky, ya no está en acumular respuestas, sino en aprender a hacer buenas preguntas, comprender problemas, crear y colaborar. Dicho de otro modo: la pieza clave ya no es la memoria como depósito, sino el criterio como central de mando.

La analogía doméstica ayuda a entender el cambio. Durante décadas, la escuela funcionó como una casa donde el valor estaba en guardar provisiones. Quien tenía la despensa más llena, tenía ventaja. Pero la IA cambió el mecanismo: ahora esa casa tiene una heladera conectada las 24 horas, capaz de traer ingredientes casi al instante.

Entonces, el mérito ya no pasa solo por almacenar. Pasa por saber qué cocinar, con qué combinarlo y para quién. Ese es el interruptor que se está activando en educación: menos premio al dato repetido y más valor al razonamiento que organiza ese dato.

Ahí entra Khanmigo, el tutor con IA de Khan Academy. Su sistema usa el método socrático, una forma de enseñar mediante preguntas guiadas en lugar de dar respuestas directas. Es como ese adulto que no resuelve el rompecabezas por el chico, pero sí le muestra dónde mirar para encontrar la pieza clave.

El tutor digital que no sopla la respuesta

Los números explican por qué esta herramienta empezó a llamar la atención. Khanmigo pasó de 40.000 a más de 700.000 usuarios entre los ciclos 2023-2024 y 2024-2025. En el mismo período, se expandió de 45 a más de 380 distritos escolares de Estados Unidos.

Ese salto fue definido por la directora de aprendizaje de Khan Academy como el mayor crecimiento de adopción en dos décadas de tecnología educativa. No es un detalle menor: durante años, un tutor personalizado fue un privilegio caro. Ahora aparece la oportunidad de tener una guía disponible todo el día, a un costo mucho más bajo.

Sin embargo, el hallazgo también tiene un límite concreto. Un tutor de IA puede reducir desigualdades en orientación y acompañamiento, pero no arregla por sí solo el cableado material: sigue haciendo falta dispositivo, conexión y tiempo para usarlo.

Del título al criterio

La transformación también ya toca al empleo. IBM eliminó el requisito de título universitario para cerca de la mitad de sus puestos en Estados Unidos y lanzó programas de aprendizaje en ciberseguridad y análisis de datos. Google, por su parte, ofrece certificados profesionales reconocidos por más de 150 empresas como equivalentes a un título para empleos iniciales.

Coursera suma más de 15 millones de matrículas en certificados profesionales de nivel inicial. Y el 96% de los empleadores encuestados considera esas credenciales una señal válida para contratar. Además, en 2025, el 81% de las empresas estadounidenses ya aplicaba criterios basados en habilidades, frente al 57% de tres años antes.

Varsavsky subraya un matiz importante: el título todavía puede abrir la puerta, pero la permanencia depende de la capacidad real. El debate, entonces, no gira sobre la desaparición del diploma, sino sobre la pérdida de peso como indicador central de competencia.

“El valor futuro estará en formular buenas preguntas, comprender problemas, crear y colaborar”, sostiene Varsavsky.

Lo que empieza a moverse no es solo una pedagogía, sino una forma de mirar el mérito. Y en esa nueva casa del aprendizaje, quizá la ventaja ya no la tenga quien más guarda, sino quien mejor enciende la luz.

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