¿Qué ocurre cuando una herramienta prometida para ahorrar tiempo termina sumando revisiones, dudas y nuevas tareas? Para muchos empleados, la inteligencia artificial dejó de ser una puerta hacia una jornada más liviana y empezó a parecerse a otro pendiente en la lista.

Un reciente estudio de Gallup junto con Bentley University revela un cambio llamativo: cuanto más usan la IA los trabajadores, menos favorable es su valoración. Hace dos años, la tecnología se presentaba como una pieza clave para quitar tareas repetitivas y proteger empleos. La experiencia cotidiana no está cumpliendo esa promesa.

El 39% de los empleados estadounidenses considera que la IA causa más perjuicios que beneficios, frente al 31% del año anterior. Al mismo tiempo, solo el 9% cree que aporta una mejora real a su trabajo, una baja respecto del 12% registrado doce meses antes.

Stephanie Marken, socia sénior de Gallup, subraya que el creciente escepticismo evidencia la necesidad de integrar estas herramientas de forma más reflexiva tanto en las aulas como en las empresas.

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La promesa de un atajo que añade controles

La clave está en entender el mecanismo de la decepción. La IA generativa, sistemas capaces de crear textos, imágenes o respuestas a partir de instrucciones, funciona como un asistente rápido, pero no como un reemplazo automático del criterio humano.

Es como instalar un lavavajillas que lava en pocos minutos, pero obliga a revisar cada plato antes de guardarlo. Si el resultado tiene errores, datos inventados o un tono inadecuado, el supuesto ahorro se transforma en una nueva ronda de control. El engranaje no falla por falta de velocidad, sino porque todavía necesita supervisión.

La promesa de un atajo que añade controles

Ese cableado entre la promesa y la rutina explica por qué el desencanto no surge del desconocimiento. La Reserva Federal de Estados Unidos calcula que el 41% de los empleados ya usa IA generativa en su trabajo, un aumento del 31% en apenas un año.

Además, Gallup señala que el 70% de los estadounidenses afirma entender bien esta tecnología, seis puntos más que en 2024. Sin embargo, conocer el interruptor no garantiza que la máquina resuelva el problema: muchos trabajadores la probaron, detectaron sus límites y ajustaron sus expectativas.

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La generación Z concentra esa contradicción. Los jóvenes de 18 a 29 años son quienes más utilizan estas herramientas, pero el 47% cree que complican su trabajo, once puntos porcentuales más que un año atrás. También son el grupo que se siente más expuesto a una eventual sustitución.

Otro estudio de Gallup con la Walton Family Foundation muestra que su entusiasmo cayó del 36% al 22% en un año, mientras que el enfado pasó del 22% al 31%. El dato más revelador es que el 44% reconoce sabotear activamente las herramientas de IA de su empresa.

El empleo, la preocupación central

El temor no se limita a una plataforma mal implementada. El 79% de los estadounidenses cree que la IA reducirá puestos de trabajo durante la próxima década. En España, un informe de Funcas estima que podría afectar entre 1,7 y 2,3 millones de empleos entre 2025 y 2035.

Funcas advierte que parte de ese impacto sería un desplazamiento de tareas, no una pérdida neta: algunos trabajos cambiarán y otros aparecerán. La oportunidad, entonces, no depende solo de sumar IA a una oficina, sino de diseñar un sistema donde el trabajador conserve la central de mando.

La tecnología todavía puede aliviar la carga laboral, pero antes deberá demostrar que no agrega platos para lavar al final del día.

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