¿Qué ocurre cuando una empresa sabe que una protesta puede cambiar de horario antes de que los manifestantes lleguen a la puerta? Para cualquier oficina, esa información funciona como una alarma que se enciende antes de que alguien toque el timbre.

Anthropic, la compañía detrás de Claude, desarrolla un sistema de vigilancia para seguir a activistas críticos de la inteligencia artificial, controlar movilizaciones cerca de sus sedes y anticipar posibles protestas. El hallazgo surge de una investigación de The American Prospect, recogida por Futurism.

La pieza clave no es solo registrar un incidente después de que ocurre. Anthropic busca una vigilancia predictiva, es decir, una capacidad para detectar señales previas y calcular si una situación puede escalar.

Según la documentación analizada, la empresa incluye el activismo en una lista de amenazas globales junto con el terrorismo, el delito y la inestabilidad geopolítica. Esa clasificación abre una discusión delicada: una movilización pública puede pasar a ser tratada como un riesgo de seguridad.

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Anthropic quiere anticipar protestas y seguir activistas

El mecanismo ya tuvo una prueba concreta. Samdesk, una firma externa que recopila alertas en tiempo real, avisó a Anthropic de que una protesta había cambiado de horario. La compañía obtuvo así 60 minutos para alejar a un directivo de la zona.

Keon Ellison, responsable del centro de operaciones de seguridad global de Anthropic, señaló que esa hora extra fue crítica. Evitó que los ejecutivos salieran de reuniones y coincidieran con los manifestantes.

Una alarma que intenta adelantarse al ruido

La analogía más simple está en una casa. Un sistema de seguridad convencional reacciona cuando una ventana ya se rompió; el que Anthropic proyecta se parece más a un sensor que detecta pasos en la vereda, revisa si alguien cambió su recorrido y avisa antes de que llegue al portón.

El “interruptor” central es convertir datos dispersos en una alerta anticipada. Un cambio de hora en una convocatoria, una publicación o un patrón de conducta pueden convertirse en piezas de un mismo engranaje de vigilancia.

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La empresa llama a este enfoque proactivo, predictivo y preventivo. En términos cotidianos, significa organizar la respuesta antes de que haya una concentración frente a la oficina, en lugar de decidir qué hacer cuando ya hay personas en la calle.

También aparece el seguimiento de “personas de interés”, una etiqueta para individuos que la compañía considera potencialmente peligrosos. Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, explicó en julio que existe un proceso interno para observar durante un tiempo patrones de escalada, incluso más allá de una protesta puntual.

En agosto, ese cableado de seguridad se activó tras una conversación con Claude. Un usuario dijo haber comprado un rifle y tener a Amodei “en el punto de mira”. Anthropic alertó a la Policía de San Francisco, aunque no entregó el contenido del chat cuando las autoridades se lo solicitaron.

La evidencia también incluye una vacante publicada en agosto para investigar amenazas y activismo a escala mundial. El puesto ofrecía entre 180.000 y 230.000 dólares anuales. Mientras tanto, los guardias físicos de las oficinas de Anthropic y OpenAI cobran 22 dólares por hora y autorizaron una huelga la semana anterior.

La tensión crece por un contraste reciente. A comienzos de año, Anthropic se enfrentó al Departamento de Defensa porque se negó a permitir que Claude se usara para vigilancia doméstica masiva o armas totalmente autónomas. Esos límites llevaron a que la empresa fuera considerada un riesgo para la cadena de suministro.

Ahora, la compañía busca ampliar sus ventas ligadas a seguridad nacional y recuperar contratos militares. La salida del investigador Jacob Coxon, quien cuestionó la carrera por sistemas de IA más potentes sin riesgos resueltos, suma otra señal de alerta.

La oportunidad tecnológica promete anticipación, pero deja una pregunta abierta: cuando una alarma aprende a prever movimientos humanos, también necesita límites claros para no convertir la vereda de cualquier oficina en un espacio bajo vigilancia permanente.

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