Un hallazgo de ESET Latinoamérica revela que guardar pruebas del deepfake (video o imagen falsa creada con inteligencia artificial) antes de pedir la eliminación del contenido es la pieza clave para frenar una suplantación, un fraude, una extorsión o un ataque contra la reputación. La inteligencia artificial ya puede imitar voces, gestos y rostros con una precisión inquietante.

Mario Micucci, investigador de Seguridad Informática de ESET Latinoamérica, subraya que una denuncia no debe limitarse a decir que el material fue creado con IA. La plataforma, el buscador o una autoridad necesita entender el daño concreto: acoso, información falsa, fraude, suplantación o difusión íntima no consentida.

La IA ya puede imitar voces, gestos y rostros con una precisión inquietante.

Detallar el perjuicio permite que la denuncia sea evaluada bajo la categoría correspondiente”, advierte Micucci.

La prueba como el interruptor de una casa

La mejor forma de entender este mecanismo es pensar en una casa con una fuga de agua. Antes de cerrar una llave o llamar al administrador, conviene identificar de dónde sale el agua y dejar constancia del daño. Con un deepfake ocurre algo parecido: si se elimina primero la publicación, también puede desaparecer una parte del rastro.

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Las capturas, la URL y el nombre de usuario funcionan como el cableado que conecta el contenido falso con quien lo difundió. Esa información permite demostrar qué se publicó, dónde apareció, cuándo fue visto y cuál fue el texto que acompañó la imagen o el video manipulado.

Las capturas, la URL y el nombre de usuario funcionan como el cableado que conecta el contenido falso con quien lo difundió.

Por eso, ESET recomienda conservar capturas de pantalla de la publicación, el perfil o la página. También se debe guardar la URL, anotar la fecha y hora, registrar la cuenta responsable y preservar mensajes o respuestas recibidas.

Además, no conviene confrontar directamente a la persona que difundió el material. Ese contacto puede operar como un interruptor equivocado: darle más visibilidad al contenido, provocar una nueva publicación o intensificar el acoso.

Cómo denunciar y reducir la difusión

No todas las redes sociales tienen una categoría llamada “deepfake”. La clave es describir el perjuicio. En Facebook e Instagram, la denuncia se inicia desde las opciones de la publicación y debe elegirse el motivo que mejor represente el caso. En X también es posible explicar que el contenido fue generado o manipulado con IA y por qué afecta a la víctima.

TikTok tiene una ruta más directa: “Compartir”, “Reportar”, “Información falsa” y “Deepfakes, medios sintéticos y medios manipulados”. En YouTube, quien aparece representado en contenido alterado puede usar una reclamación de privacidad para solicitar la retirada.

Si el material aparece en Google, pedir que se retire el resultado puede dificultar que otras personas lo encuentren. Pero ese paso no borra el archivo de la página original. También será necesario solicitar su eliminación al responsable del sitio y, si se niega, buscar sus canales legales, de privacidad o derechos de autor.

No todas las redes sociales tienen una categoría llamada “deepfake”.

Los casos con imágenes íntimas requieren una respuesta especialmente rápida. StopNCII.org crea en el dispositivo un hash (huella digital única del archivo), que las plataformas adheridas pueden usar para detectar coincidencias. Take It Down, en cambio, está dirigido a imágenes o videos sexuales que involucren a menores de 18 años.

En Perú, crear un deepfake no es por sí solo un delito autónomo. Pero el uso malicioso puede encajar en violación de la intimidad, difamación, estafa, amenazas o extorsión, además de conductas contempladas en la Ley N.º 30096 de Delitos Informáticos. En Arequipa, un hombre recibió más de seis años de prisión efectiva por crear y difundir videos pornográficos falsos con los rostros de sus excompañeras.

Guardar, denunciar y pedir la retirada no borra el impacto de inmediato, pero pone en marcha el engranaje que puede devolverle a la víctima control sobre su propia imagen.

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