¿Te imaginas abrir el mail un lunes y descubrir que una parte de tu trabajo ya “se hace sola”? No por un colega nuevo, sino por un sistema que escribe, decide y organiza en silencio. Esa sensación de vértigo es la que hoy rodea a la inteligencia artificial, incluso cuando se la presenta como una gran promesa.
En ese clima, Sam Altman, CEO de OpenAI y figura central detrás de ChatGPT, volvió a poner el foco en un punto sensible: el empleo. El hallazgo de sus últimas declaraciones no está en un pronóstico exacto, sino en el cambio de tono. Pasó de hablar del “riesgo de extinción por la IA” a una mirada más orientada a la oportunidad.
Sin embargo, Altman no apaga las alertas. Advierte que “habrá momentos realmente extraños o aterradores” y que es esperable que ocurran “cosas realmente malas”, como pasó con otras tecnologías. Y, a la vez, insiste con un mecanismo de control: construir barreras y garantías.

Su frase más terrenal va directo al lector medio: “A corto plazo estoy preocupado con el empleo. Creo que la transición será muy difícil”. Aunque reconoce que no es experto en mercado laboral, subraya que el golpe inicial puede sentirse fuerte en algunos sectores.
Ahora bien, el engranaje de su argumento es otro: Altman cree que la IA será más oportunidad que peligro porque la sociedad aprenderá a manejar sus efectos negativos. Entre los riesgos extremos menciona amenazas biológicas, químicas y nucleares, además de la concentración de poder y la posibilidad de que la tecnología se vuelva contra nosotros.
Pero para la mayoría, el cableado central del miedo hoy está en la economía cotidiana: qué pasa con el sueldo, con las tareas, con la utilidad personal.
También te puede interesar:Los nuevos modelos de OpenAI podrían costar hasta $2000Para entenderlo sin tecnicismos, sirve una analogía doméstica. La IA, en esta etapa, se parece menos a un “robot humanoide” y más a una instalación eléctrica nueva en una casa vieja. Al principio, algunas llaves se cambian sin aviso: se encienden luces que antes prendías a mano. Luego aparecen tableros automáticos que optimizan el consumo. Y si nadie revisa el plano, también puede haber cortocircuitos.
En esa metáfora, el “trabajo” sería el conjunto de llaves y rutinas. Altman cree que en 2050 lo que hagamos cada día será tan distinto que quizá la palabra “trabajos” ya no describa bien la actividad humana. No pronostica un colapso total ni un mundo sin reuniones. Imagina nuevas formas de dar sentido y valor a lo que hacemos.
Incluso apoya esa confianza en una idea llamativa: “no se puede apostar en contra de la biología evolutiva”. Es decir, la adaptación humana como pieza clave del futuro económico.
Además, Altman dice que piensa mucho en automatizar todas las funciones dentro de OpenAI. Y empuja una imagen potente: un “CEO de IA”, un agente (programa que actúa con objetivos) que toma decisiones para dirigir recursos y darle a la IA más energía y poder.
Lo notable es que plantea un modelo híbrido: ese director ejecutivo artificial podría seguir controlado por humanos. Sería como poner un tablero automático en casa, pero con un disyuntor general que todavía podés bajar vos.
Lo que más lo entusiasma, de todos modos, no es reemplazar tareas administrativas. Es usar IA y mucha capacidad de cálculo, es decir, potencia de computación, para descubrir nuevo conocimiento científico. Según Altman, esa es la clave para que el mundo sea mejor para todos.
También te puede interesar:Hackean la cuenta de prensa de OpenAI en X para promocionar cripto estafasReconoce que “todavía es muy pronto” y que los avances actuales son pequeños. Pero sostiene que ya empezó la curva ascendente: cuando el progreso se despega un poco del eje, luego se puede mejorar de manera continua. El cuello de botella, remarca, es la cantidad de recursos informáticos disponibles.
En plazos, se la juega: espera un descubrimiento científico importante impulsado por IA entre 2026 y 2027, y habla de una posible “revolución médica” hacia 2030. El propio texto que lo analiza admite que predecir a cinco años es temerario.
La oportunidad, entonces, convive con la reserva. Como en una casa en obra, la promesa de un sistema más eficiente llega junto con la pregunta que importa: quién tiene el plano, quién toca el interruptor y qué pasa si algo chispea.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.