El hallazgo incómodo lo pone sobre la mesa Adam Mosseri, CEO de Instagram: “ese feed está muerto”. Lo dice mientras la web se llena de resultados generados por inteligencia artificial y de slop (contenido basura), un deterioro que también golpeó a los medios, con una caída de clics que ronda la mitad por la irrupción de resúmenes automáticos en buscadores.
Y, además, el problema ya no es solo el texto. La IA (inteligencia artificial, software que genera contenido) afectó a las imágenes hasta un punto central: ya no sabemos distinguir si una foto fue tomada o fabricada. Mosseri lo nombra como el futuro inmediato: la “era de contenido sintético infinito”.

“Durante casi toda mi vida pude asumir que fotos y videos eran, en general, capturas fieles de hechos reales… pero claramente ya no es así”, advierte Mosseri. También subraya que el cambio será incómodo porque estamos biológicamente predispuestos a creer lo que ven nuestros ojos.
Por eso el apocalipsis no es estético. Es epistemológico: se rompió el engranaje que conectaba imagen con realidad. Y el salto de época es brutal porque ya no hace falta una campaña organizada de fake news. Cualquiera, con herramientas sencillas, puede crear imágenes en segundos.
Programas como Nano Banana Pro permiten obtener resultados extremadamente realistas a partir de una descripción básica. También volvió trivial el deepfake (video falso realista), incluso para usuarios sin conocimientos avanzados.
Mosseri sostiene que, si tienes más de 25 años, probablemente sigues pensando en Instagram como una grilla de fotos cuadradas, cuidadas y favorables. Pero esa concepción ya no coincide con el uso real. Según él, la gente dejó de compartir momentos personales en el feed principal hace años.

En cambio, hoy mantiene al día a sus contactos por mensaje directo, con fotos improvisadas y poco favorecedoras. Es un giro pequeño en apariencia, pero enorme como señal: en un entorno saturado de perfección barata, lo crudo vuelve a ser una pieza clave de confianza.
De hecho, Mosseri plantea que la omnipresencia de imágenes generadas por IA va a empujar un cambio estético. Las fotos profesionales se volvieron “baratas de producir” y, por eso mismo, “aburridas de consumir”. En otras palabras: cuando todos pueden tener una portada impecable, la atención se va a la cocina desordenada.
Al menos por ahora, las imágenes RAW (archivo con mínima edición) con defectos y sin procesado agresivo siguen funcionando como indicador de autenticidad. Pero el CEO de Instagram sugiere que eso también será imitabile. Y entonces, la etiqueta visible o la marca de agua ya no alcanzarán.

Su apuesta va hacia huellas digitales y firmas criptográficas (código que verifica origen) incorporadas en las cámaras para acreditar que una imagen es real. Y, en paralelo, más transparencia sobre quién publica: en este nuevo marco, será clave mirar al emisor y su intención, no solo el contenido.
La oportunidad, en el fondo, es un reaprendizaje. Si el internet de hoy ya no permite confiar en los ojos por defecto, quizá obligue a recuperar un hábito más antiguo: dudar un segundo, pedir contexto y elegir con cuidado qué “luz” decidimos encender.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.