Piensa que en tu barrio instalen una “fábrica” que nunca duerme y que, de golpe, la boleta de luz empiece a trepar. Esa inquietud, está en el centro del debate por los nuevos centros de datos: los edificios donde vive la IA cuando deja el laboratorio y se vuelve servicio cotidiano.
En ese clima, Microsoft anunció una nueva oleada de centros de datos para su infraestructura de IA y, a la vez, un mecanismo de gestión que bautizó como enfoque community-first (prioridad a la comunidad). El hallazgo no es que la compañía quiera expandirse (ya había dicho que gastaría miles de millones), sino el “interruptor” discursivo: promesas concretas para bajar la fricción con los vecinos.
Además, el anuncio llega tras 12 meses de rechazo público creciente. La organización Data Center Watch contabilizó hasta 142 grupos activistas en 24 estados de EE. UU. movilizados contra desarrollos de centros de datos. Y Microsoft ya sintió el golpe: en octubre abandonó un proyecto en Caledonia, Wisconsin, después de un feedback comunitario abrumadoramente negativo.
Una de las piezas clave del mensaje fue la energía. Microsoft promete “pagar su propio camino” para que, en teoría, las facturas eléctricas locales no se disparen donde se instalen sus centros de datos. Según explicó la compañía, trabajará con las empresas eléctricas y con comisiones estatales que aprueban tarifas para que lo que pague refleje íntegramente la carga que estos complejos imponen a la red.
El tema escaló incluso a la Casa Blanca. El presidente Donald Trump publicó que Microsoft haría “cambios importantes” para evitar subas en la electricidad y remarcó que los estadounidenses no deberían “pagar la cuenta” del consumo de la empresa.
Al mismo tiempo, otras grandes tecnológicas sostienen la misma dirección: Mark Zuckerberg anunció un programa de infraestructura de IA para Meta, señal de que la expansión no se frena, aunque haya oposición.
También te puede interesar:OpenAI lanza la app de ChatGPT para Windows con nuevas funcionalidadesPara entender por qué esto enciende protestas, ayuda una analogía simple. Un centro de datos es como el cuarto de máquinas de un edificio: ahí están los “motores” que hacen funcionar la IA, con servidores que procesan y almacenan información sin pausa. Si ese cuarto de máquinas se agranda de golpe, exige más electricidad y más enfriamiento, como si encendieras varios aires acondicionados industriales a la vez.
Y ahí aparece el engranaje sensible: la red eléctrica local. Si la demanda crece rápido y la infraestructura no acompaña, el miedo social es que el costo se reparta. Microsoft dice que quiere evitar ese traslado: que el peso de alimentar a sus centros de datos no termine en la boleta del cliente residencial.
El otro cableado conflictivo es el agua. La compañía se compromete a minimizar el agua que necesitan sus centros de datos para operar. Este punto es central porque el uso hídrico ya disparó acusaciones de que estas instalaciones pueden tensionar suministros locales, sobre todo en zonas donde el recurso es finito o el verano aprieta.
Microsoft también promete crear empleo en las comunidades donde se instale. Sin embargo, persisten dudas sobre cuántos puestos reales dejan estos proyectos: muchos son temporales (construcción) y menos son permanentes (operación). Por eso, el impacto económico no siempre coincide con las expectativas locales.

En paralelo, la oposición se volvió un foco político. En Michigan, un proyecto en un municipio pequeño derivó en protestas en la calle. En Ohio (donde Microsoft desarrolla varios campus) un artículo de opinión criticó a la empresa y a otras tecnológicas por su contribución al cambio climático, justo el mismo día del anuncio del “buen vecino”.
Al final, el enfoque community-first busca funcionar como un interruptor social: mantener la expansión de IA, pero con reglas más visibles sobre energía, agua y convivencia. La oportunidad es clara. La incógnita también: si la promesa de “pagar su propio camino” alcanzará para que el cuarto de máquinas del futuro no se sienta, en la mesa de cocina, como una factura inesperada.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.