¿Alguna vez usaste una app todos los días y aun así la empresa que la hace “no llega a fin de mes”? Ese desajuste, que suena imposible, se está volviendo un mecanismo cada vez más común. La inteligencia artificial (IA) ya no solo acelera tareas: también cambia qué cosas “valen” dinero.
Ahora le pasó a Tailwind, uno de los frameworks (marcos de trabajo) de CSS (lenguaje para diseñar sitios) más populares entre desarrolladores. El hallazgo es incómodo: mientras el producto se usa más que nunca, la empresa detrás tuvo que despedir al 75% de su equipo de ingeniería.

El propio CEO, Adam Wathan, lo explicó con una frase directa: el recorte respondió al impacto brutal de la IA en el negocio. Tailwind tenía cuatro desarrolladores. Despedir a tres no es un ajuste fino: es tocar el interruptor central de una startup pequeña.
Wathan señaló que los ingresos cayeron un 80% y que, al revisar las finanzas durante las fiestas, concluyó que en seis meses no podrían pagar nóminas si no actuaban.
Entonces, ¿qué engranaje se rompió? Tailwind se apoya en un modelo clásico: ofrece código abierto para el uso básico y cobra por productos más avanzados cuando el trabajo escala. La pieza clave de esa conversión era su documentación online, el lugar donde muchos llegaban con una duda y salían con una compra.
Pero ese cableado empezó a fallar. Según Wathan, el tráfico a la documentación cayó alrededor de un 40% desde principios de 2023, pese a que Tailwind es “más popular que nunca”.
La IA aparece ahí como una especie de “atajo” que el usuario toma sin mala intención. En vez de entrar al manual oficial, pregunta a un modelo de lenguaje (IA que escribe y responde) y obtiene un bloque de código similar, gratis y en segundos.
La analogía doméstica ayuda a verlo: es como tener una ferretería de barrio con el mejor juego de herramientas. La gente sigue arreglando cosas en casa, incluso más que antes. Pero en lugar de pasar por el local, le pide al vecino que le preste lo que necesita o que le diga qué tornillo usar. El trabajo se hace. La caja no suena.
El mecanismo central no es que Tailwind “dejó de servir”. Es que la IA se está quedando con la etapa de descubrimiento: responde dudas, genera ejemplos y entrega soluciones sin mandar tráfico a la web original. Y sin visitas, se rompe el puente entre uso gratuito y pago.
En términos simples: antes la documentación era la puerta de entrada. Hoy, para muchos, esa puerta ni siquiera existe. La IA actúa como un conserje que te alcanza la llave sin mostrarte el edificio.
Por eso el caso se lee como una advertencia más grande que Tailwind. Muestra un nuevo paradigma de éxito: productos ubicuos, queridos por su comunidad, pero financieramente frágiles porque la monetización quedó desconectada del uso real.
Incluso traza un paralelismo con Spotify: durante años tuvo una base enorme de usuarios y aun así le costaba ser rentable. Recién encontró su “momento” cuando ajustó su modelo de ingresos, con el video como palanca relevante. Tailwind, sugiere la historia, necesita su propio “momento Spotify”: otra forma de cobrar por valor, no solo por acceso.
Y acá aparece un giro llamativo. La transparencia de Wathan al exponer el golpe de la IA llamó la atención de Google, que anunció que patrocinará el proyecto y le da un salvavidas financiero. Resulta irónico: una de las compañías que impulsa modelos de IA termina sosteniendo, al menos por un tiempo, a una empresa presionada por esa misma ola.
En la práctica, esta oportunidad compra algo escaso: tiempo. Tiempo para repensar el modelo, proteger la sostenibilidad y evitar que un producto central en la web moderna se quede sin mantenimiento.
Para el lector común, la clave es entender el cambio de fondo: la IA no solo automatiza. También redibuja el mapa de quién recibe el pago cuando una solución funciona. Y en ese nuevo cableado, sobrevivir puede depender de encontrar, rápido, el interruptor correcto.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.