La nueva proclamación de Donald Trump sobre chips de IA introduce un arancel del 25% a semiconductores avanzados y deja flotando una idea incómoda: Estados Unidos fabrica solo el 10% de los chips que necesita.
El movimiento no apunta a “chips en general”, sino a un ajuste quirúrgico en un punto muy concreto de la cadena de suministro global. En concreto, el arancel se aplica a semiconductores avanzados de IA fabricados fuera de EE. UU. que pasan por territorio estadounidense antes de ser reexportados a clientes en otros países.
Lo que realmente ha encendido las alarmas en el sector es el objetivo práctico de la medida: los Nvidia H200 destinados a China entran directamente en la lista. No hablamos de componentes comunes, sino de hardware diseñado para entrenar y servir modelos de IA a gran escala, esencial para mover LLMs con latencias razonables y capacidad industrial. En este segmento, este tipo de GPU es literalmente oxígeno.
La medida no funciona como un bloqueo total, sino como una condición económica añadida a un flujo que Washington ya había decidido permitir. La proclamación formaliza así un elemento clave de la decisión del Departamento de Comercio de autorizar a Nvidia a enviar sus H200 a clientes verificados en China desde el pasado diciembre.

El mensaje es claro: puedes vender, pero el grifo sigue bajo control del Gobierno estadounidense, y además hay un peaje si el chip hace escala en EE. UU. antes de llegar a destino. Sin embargo, existe una distinción importante que muchos pasarán por alto: el arancel no se aplica a chips importados para uso interno dentro de Estados Unidos, ya sea para investigación, defensa o fines comerciales.
La narrativa es coherente con un enfoque de seguridad nacional y protección del abastecimiento interno, reforzado por el argumento oficial de que depender de cadenas de suministro extranjeras supone un riesgo económico y estratégico significativo.
También te puede interesar:Departamento de Comercio Aprueba Exportaciones a China del Chip Nvidia H200Uno de los detalles más llamativos es que Nvidia no ha reaccionado con quejas públicas, sino con un tono sorprendentemente positivo. La compañía considera que permitir la venta del H200 a clientes comerciales aprobados “logra un equilibrio” favorable para EE. UU.
La lectura es puramente pragmática: mejor un marco regulado que permita vender bajo ciertas condiciones que un bloqueo total que deje el mercado chino en manos de alternativas locales. Eso sí, un arancel del 25% no es menor cuando hablamos de chips extremadamente caros y adquiridos en grandes volúmenes.

Este sobrecoste puede derivar en tres escenarios claros: aumento de precios para el cliente final, presión sobre los márgenes o reconfiguración logística para evitar el paso por EE. UU. que activa el impuesto. Además, la medida no se limita a Nvidia: también afecta a otros chips de IA avanzada, como el AMD MI325X, lo que confirma que el foco está en la categoría tecnológica, no en una sola empresa.
China se mueve en una contradicción difícil de resolver. Por un lado, necesita acelerar su industria nacional de semiconductores; por otro, no puede permitirse quedarse atrás en la carrera global de la IA. Existe demanda real de H200, hasta el punto de que Nvidia habría considerado aumentar la producción ante una oleada de pedidos anticipados desde empresas chinas.
Cuando una GPU se convierte en el cuello de botella de tus modelos, no compras unas pocas unidades: aseguras suministro como si fuera un recurso crítico. Sin embargo, no todo depende de Washington o de Nvidia. Otro factor clave es cómo decida actuar el propio Gobierno chino en un contexto donde el discurso oficial empuja con fuerza lo doméstico.
Si Pekín endurece el control regulatorio, es posible que haya chips disponibles legalmente desde EE. UU., pero que el mercado se vea igualmente frenado por normativa interna. Según Nikkei Asia, el Gobierno central chino trabaja en un borrador de normas sobre cuántos semiconductores pueden comprar las empresas en el extranjero, lo que abre la puerta a un sistema de cupos que podría suponer un giro frente a la postura más restrictiva actual.
La proclamación no solo introduce un arancel: también deja por escrito un diagnóstico incómodo. Estados Unidos solo fabrica íntegramente alrededor del 10% de los chips que necesita, una dependencia que lleva años intentando corregir mediante incentivos y política industrial.
Esto implica que incluso la mayor potencia tecnológica del mundo depende de piezas críticas diseñadas o producidas, total o parcialmente, fuera de sus fronteras. La lectura tecnológica es todavía más dura: la IA moderna no va solo de software o modelos llamativos, sino de capacidad de cómputo, y esa capacidad se materializa en semiconductores.

Si el suministro es frágil, el liderazgo también lo es. Este arancel del 25% no va a frenar la demanda de IA en China ni va a convertir a EE. UU. en autosuficiente de la noche a la mañana, pero sí marca un tono claro: vender, sí; depender, no; competir, siempre.
Queda por ver si las empresas ajustan rutas y contratos para esquivar el peaje y cómo responde China, ya sea con cupos flexibles o con un cierre más duro. Porque, en esta partida, cada GPU cuenta como si fuera oro.
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