Según Bloomberg, OpenAI inició un proceso formal para buscar socios entre fabricantes de componentes en Estados Unidos con un objetivo concreto: desarrollar y producir su propio hardware de robótica e inteligencia artificial. El hallazgo detrás de este movimiento es simple y potente. Para que la IA salga de la pantalla, necesita piezas físicas, no solo código.

En esa línea, la compañía ya está enviando solicitudes de propuestas (RFP, pedidos formales a proveedores) a empresas que fabrican componentes clave. Se habla de chips de silicio, motores, materiales de embalaje y sistemas de refrigeración para centros de datos. Es, literalmente, el cableado y los engranajes de una nueva etapa.
Lo que cambia no es un detalle técnico, es el modelo de negocio. OpenAI fue, hasta ahora, una central de software y servicios de IA. Pero al construir una cadena de suministro robusta, busca una oportunidad: controlar el camino completo desde el “cerebro” digital hasta el cuerpo físico que lo aloja.

Además, la robótica suma otra exigencia: motores. Si un robot es un cuerpo, el motor es el músculo. Y ahí aparece el mecanismo completo: sensores que perciben, chips que deciden y motores que ejecutan en el mundo real, con una respuesta inmediata.
Este movimiento también se conecta con un proyecto que ya venía asomando. OpenAI trabaja en un dispositivo junto a Jonathan Ive, exdirector de diseño de Apple y cofundador de la firma io, que fue comprada por OpenAI en 2025. La meta declarada es distinta a la del smartphone: otra forma de interacción humano-máquina.
El dispositivo, previsto para estar listo en menos de dos años, apunta a operar durante largos periodos y a mantener una interacción natural. La clave es evaluar qué está pasando para decidir cuándo intervenir y cuándo permanecer en segundo plano, como ese asistente silencioso que solo enciende la luz cuando hace falta.
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Por eso OpenAI reorganizó equipos para reforzar modelos de audio, es decir, sistemas centrados en voz y sonido. Y la intención es clara: un dispositivo personal sin pantalla, menos invasivo, más accesible y con una presencia más parecida a la de un “interruptor” que a la de una notificación permanente.
Que los fabricantes sean estadounidenses no es un capricho. En un contexto de competencia tecnológica y restricciones sobre tecnologías estratégicas, controlar la cadena de suministro es una forma de ganar seguridad y previsibilidad. Es elegir dónde están las llaves de la casa.
No se conocen aún montos de inversión ni un calendario detallado. Pero el sentido del movimiento se revela en la dirección: OpenAI quiere jugar también en el terreno de los objetos, desde dispositivos de consumo hasta soluciones para la nube y la automatización.
Si la IA fue, durante años, una voz dentro de la pantalla, este giro busca darle un cuerpo. Y cuando el cuerpo está bien construido, la tecnología deja de interrumpir y empieza a acompañar.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.