Según explicó Sarah Friar, directora financiera de OpenAI, la prioridad de la compañía este año no es solo “hacer la IA más potente”, sino convertirse en un pilar de la economía global acelerando su adopción práctica. El hallazgo, en términos de estrategia, es directo: la brecha no está tanto en lo que la IA puede hacer, sino en cómo las personas realmente la integran en su vida diaria.
Además, Friar sostiene que la oportunidad es enorme e inmediata, especialmente en sectores empresarial, salud y ciencia. Pero subraya una pieza clave del mecanismo: la computación, es decir, la capacidad de máquinas y centros de datos para “mover” la IA, es el recurso más escaso del tablero.
“La computación es el recurso más escaso en inteligencia artificial”, afirmó Friar.

OpenAI describe su plan como un “ciclo de inercia”, una rueda que se empuja a sí misma desde el lanzamiento de ChatGPT. La lógica es simple: más capacidad de cómputo impulsa mejores algoritmos. Esos algoritmos permiten mejores productos. Los productos aumentan la adopción. Y la adopción trae ingresos que vuelven a financiar más computación.
Ese interruptor económico ya muestra números concretos. Entre 2023 y 2025, la capacidad de cómputo de OpenAI pasó de 0,2 a 1,9 gigavatios, un salto de 9,5 veces. En el mismo período, sus ingresos recurrentes anuales, principalmente por suscripciones, crecieron de 2.000 millones a 20.000 millones de dólares.
Durante años, Microsoft fue el mayor inversor de OpenAI y su principal proveedor de capacidad computacional. Sin embargo, tras redefinir esa relación, la compañía buscó diversificar proveedores. Hace tres años dependía de un solo actor; ahora trabaja con varios, y eso —según Friar— le da resiliencia y “certeza computacional”, es decir, la posibilidad de planificar y escalar con menos sobresaltos.
También te puede interesar:OpenAI Garantiza Que sus Centros de Datos No Aumentarán el Precio de la LuzEn un mercado donde el acceso al cómputo define quién puede crecer, ese cambio es una pieza clave. También es una señal: el cuello de botella ya no es la imaginación del laboratorio, sino el tamaño del “tablero eléctrico” que sostiene todo.
Por eso aparecen acuerdos con nombres y montos pesados. A finales del año pasado, OpenAI firmó con Samsung y SK Hynix para asegurar chips avanzados para el Proyecto Stargate, que busca levantar en Estados Unidos la mayor infraestructura de IA de la historia. Junto a Oracle y SoftBank, planea cinco centros de datos para llevar la capacidad proyectada a casi 7 gigavatios, comparable a la energía de siete reactores nucleares de gran escala.
En paralelo, OpenAI y Nvidia anunciaron una alianza que le garantizaría al menos 10 gigavatios para entrenar y operar modelos de próxima generación, con una primera fase prevista para el segundo semestre de 2026.

El plan contempla inversiones de hasta 100.000 millones de dólares, ligadas a la adopción de nuevos sistemas de Nvidia. Y, además, Oracle y OpenAI acordaron en julio desarrollar 4,5 gigavatios extra en centros de datos vinculados al proyecto en Estados Unidos.
Ahora, el punto doméstico: OpenAI no solo quiere más “energía”, quiere que la IA haga menos ruido en la vida real. Por eso empuja un modelo comercial multinivel con suscripciones, soluciones empresariales y el alquiler de su API (interfaz para conectar software) para desarrolladores. También sumó herramientas para comercio electrónico e introdujo publicidad dentro de ChatGPT.
Y hay una apuesta que busca tocar una fibra cotidiana: un dispositivo de hardware junto a Jony Ive, exdiseñador de Apple, orientado al consumo masivo. No será un wearable (dispositivo para llevar puesto), ni un smartphone (teléfono inteligente), ni auriculares. La promesa es reducir el caos que generan los aparatos móviles.
También te puede interesar:Google Lanza un Filoso Dardo a OpenAI Por la Integración de Anuncios en ChatGPTEl riesgo, señalan analistas, es financiero. Sebastian Mallaby advirtió en un análisis publicado en The New York Times que OpenAI podría enfrentar bancarrota en 18 meses si no consigue nuevas fuentes de financiación, por el costo de actualizar productos y desarrollar otros nuevos, con el fantasma de una burbuja de IA inquietando a inversores.
Sin embargo, la clave que revela esta estrategia es otra: la próxima gran mejora quizá no se note como “más inteligencia”, sino como un interruptor que, por fin, ordena el cableado digital de todos los días.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.