Según datos de Visa, más del 70% de los consumidores en América Latina ya usó inteligencia artificial como apoyo en el proceso de compra. El hallazgo no habla de un futuro lejano: describe un mecanismo que ya está instalado en la rutina, desde encontrar un producto hasta elegir cuándo conviene pagarlo.
Además, Visa afirma que 2025 fue el último año en el que los consumidores compraron y pagaron de forma completamente autónoma, sin agentes de IA. Es decir: la región entra en una etapa donde la IA deja de “asistir” y empieza a actuar, con permisos, en nombre de la persona.
Catalina Tobar, responsable de Productos de Crecimiento y Alianzas de Visa para América Latina y el Caribe, señala que América Latina entra en una nueva era del comercio: la IA pasará de acompañar al consumidor a operar directamente por él.

Mientras tanto, Estados Unidos funciona como termómetro. Allí, el 47% de los compradores ya usa herramientas de IA para tareas vinculadas a compras, especialmente para comparar precios y obtener recomendaciones personalizadas. La clave es que cambió el modo de descubrir y evaluar productos, como si el escaparate se hubiera vuelto conversacional.
Ahora bien, el concepto que ordena este cambio tiene nombre: “comercio agéntico”. Es el uso de agentes de IA (programas que ejecutan tareas) que no solo sugieren, sino que también pueden comprar. Y ese engranaje se acelera: Visa anticipa una adopción masiva, con agentes certificados y protegidos.
El proceso es parte de un cambio de cableado mental: confiar en que un sistema compare, elija y pague, mientras la persona supervisa el objetivo. Como cuando se programa el lavarropas: no se mira el tambor girar, se decide el ciclo.
En la práctica, Visa impulsa esta línea con Visa Intelligent Commerce, un programa que desarrolla agentes para automatizar compras tanto para consumidores como para empresas (B2B, es decir, entre compañías). Hoy, estos agentes están en pruebas cerradas, pero ya hay piezas del mecanismo funcionando con aliados.

Por ejemplo, Skyfire habilita que un agente de recomendaciones de Consumer Reports gestione compras en la tienda online de Bose. Nekuda, con la app Gensmo, permite pasar de looks generados por IA a comprar prendas en Fabrique con un solo toque, usando la API (interfaz para conectar sistemas) de pago de Rye. Y también facilita a Henry Labs integrar compras con un clic en Price.com mediante automatización del navegador (software que opera la web solo).
En paralelo, PayOS aporta infraestructura para pagos gestionados por agentes en el e-commerce de Jomashop, a través de BeyondStyle. Y Ramp usa Visa Intelligent Commerce para automatizar pagos B2B, optimizar facturas corporativas y ofrecer recompensas en efectivo por transacciones con tarjeta.
Por un lado, la IA ya se usa como central de apoyo: comparación automática de precios, recomendaciones según hábitos, ayuda para encontrar productos específicos y respuestas rápidas sobre características. También gana terreno en postventa: chatbots para seguimiento, devoluciones y atención en tiempo real.
Por otro lado, la oportunidad y el riesgo se vuelven más nítidos. Si un agente va a pagar, la pregunta clave no es si “sabe”, sino qué permisos tiene y cómo se valida cada paso. Ahí, las credenciales tokenizadas prometen ser el fusible que evita cortocircuitos.
Como ejemplo visible, Amazon ya empuja este formato con Rufus, un asistente integrado que entiende consultas, compara opciones y recomienda dentro de su catálogo. Es la antesala de un comercio donde preguntar y comprar pueden quedar en la misma frase.
La sensación final es simple: el carrito ya no es solo un carrito. Es un tablero de control, y el nuevo interruptor —bien configurado— puede devolverte tiempo sin quitarte el mando.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.