Google está metiendo turbo a Stitch, su agente de diseño, y esta vez apunta directamente a donde más impacto puede tener: el flujo real de los diseñadores que trabajan a diario en Figma y dentro de sistemas de diseño bien definidos. Con la exportación directa a Figma y el nuevo acceso por API, Stitch deja atrás la etiqueta de “demo curiosa” y empieza a rozar algo mucho más serio: la de un copiloto que puede usarse en entornos de producción.
La pregunta, claro, es la inevitable: ¿puede Stitch sustituir parte del trabajo que hoy se hace en Figma, o seguirá siendo solo una herramienta para idear y bocetar rápido?
Stitch ya se puede invocar mediante una clave de API, un detalle que suena técnico pero que es exactamente lo que muchos equipos de producto estaban esperando. En la práctica, esto significa que Stitch deja de vivir solo en su propia interfaz y pasa a integrarse en pipelines reales: automatizar tareas, generar variantes, conectarlo con herramientas internas o procesos de negocio.
Y es que el diseño profesional no consiste simplemente en “hacer pantallas”. Es un proceso lleno de validaciones, handoff con desarrollo, librerías compartidas, componentes reutilizables, revisiones constantes y condicionantes de negocio que no se pueden ignorar.

Para quienes construyen soluciones a medida —por ejemplo, plataformas internas que generan landings o interfaces para campañas—, el acceso por API convierte a Stitch en una pieza más del backend creativo. Eso sí, una API sin control puede convertirse rápidamente en una fábrica de inconsistencias visuales, y ahí es donde entra el siguiente punto clave.
Google está preparando soporte para Design Systems dentro de Stitch, lo que permitiría definir y gestionar tokens de diseño como colores, tipografías, espaciados y reglas visuales. Es decir, los elementos que hacen que una interfaz sea reconocible como “de tu marca” y no un collage estéticamente correcto pero genérico.
También te puede interesar:Nuevo Agente de Imágenes en Google Stitch, la Plataforma IA que Crea Apps con Solo PedirlasEn equipos de producto maduros, el diseño no se negocia pantalla a pantalla: se gobierna desde un sistema que garantiza coherencia y escalabilidad. Esto cubre una necesidad crítica cuando la aplicación crece, cuando hay múltiples squads trabajando en paralelo o cuando el roadmap obliga a iterar rápido sin romper lo existente.

Además, Stitch podría permitir cambiar entre distintos sistemas de diseño, algo muy habitual en el día a día de agencias, estudios o equipos que trabajan con varias marcas o productos. El reto real, sin embargo, no está en “tener tokens”, sino en respetarlos con rigor cuando el modelo empieza a improvisar layouts, jerarquías y componentes.
Una de las novedades más esperadas es, sin duda, la exportación directa a Figma. Con esto, Stitch deja de ser un entorno aislado y pasa a entregar resultados exactamente donde los equipos ya trabajan, revisan y colaboran. La ausencia de esta función era uno de los mayores frenos para su adopción entre diseñadores profesionales.
Pero exportar no es suficiente por sí solo. Lo importante es cómo se exporta: capas limpias, componentes reutilizables, estilos bien mapeados y estructuras que no generen rechazo cuando otro diseñador abre el archivo. Si Google consigue clavar este punto, Stitch se convierte en un copiloto real para ideación rápida: genera una base sólida y deja el trabajo fino, el criterio y el pulido final en manos humanas dentro de Figma.
Los primeros mockups muestran cambios relevantes en la interfaz, con un panel lateral más minimalista. Ese tipo de decisiones suelen apuntar a lo mismo: menos fricción al iterar, más foco en el resultado y menos ruido visual. A esto se suma un nuevo panel inferior que incorporaría soporte de dictado por voz.
La idea de prompt-ear hablando puede sonar a capricho, hasta que la pruebas en sesiones de ideación rápidas, donde escribir cada ajuste rompe el flujo. Eso sí, la voz en diseño solo tiene sentido si entiende contexto y lenguaje humano: “hazlo más aireado”, “baja la jerarquía”, “llévalo a un estilo más Material”. Órdenes ambiguas que los diseñadores damos constantemente y que no siempre son fáciles de traducir a reglas formales.
Entre las funciones mencionadas aparece un modo llamado Deep Design, que sugiere un uso más intensivo de cómputo o incluso de fuentes externas para generar resultados más completos. La diferencia entre un mockup atractivo y una UI realmente usable suele estar en los detalles: estados vacíos, errores, accesibilidad, variantes responsive y coherencia entre componentes, cosas que rara vez salen bien a la primera.

También aparece un botón llamado Agent Manager, una pista bastante clara de que Google está explorando un enfoque multiagente: uno encargado del layout, otro del copy, otro de accesibilidad, otro de adaptar al sistema de diseño. La promesa es potente, pero también arriesgada, porque sin un “director de orquesta” claro, el caos puede escalar muy rápido.
Figma no es solo una herramienta; es un estándar social dentro de los equipos de producto. Su valor no está únicamente en dibujar, sino en colaborar, versionar, comentar, prototipar y convivir con librerías compartidas. Stitch no necesita reemplazar todo eso para ser útil.
Si consigue generar propuestas que respeten tu Design System, se integren por API en tus procesos y aterricen en Figma sin ensuciar el archivo, ya está eliminando una de las partes más pesadas del trabajo: arrancar desde cero. Aunque muchas de estas funciones aún están en fases tempranas, la dirección es clara: IA generativa integrada de verdad en el ecosistema de trabajo, no como un “modo mágico” aislado.
Habrá que ver cuánto de esto llega tal cual y con qué nivel de calidad, pero la jugada es evidente: Google quiere que el diseño con IA deje de ser espectáculo y empiece a ser rutina.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
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