¿Alguna vez sentiste que tu vida digital se parece a una casa con demasiadas llaves? Una para el auto, otra para el WiFi, otra para el trabajo. Y, de pronto, alguien propone poner todo bajo una sola cerradura. Eso, con matices, es lo que podría estar tomando forma alrededor de Elon Musk.
Según reportes de Bloomberg y Reuters, SpaceX, Tesla y xAI —tres de sus compañías más visibles— mantienen conversaciones preliminares para una posible fusión. El hallazgo no es un anuncio formal. Pero revela un mecanismo clásico del poder corporativo: mover engranajes antes de mostrar el plano final.
Una de las opciones en estudio sería una fusión entre SpaceX y Tesla, de acuerdo con fuentes anónimas citadas por Bloomberg. La otra ruta, señalada por Reuters, contempla integrar SpaceX y xAI, la empresa de inteligencia artificial que ya es propietaria de la red social X.
Ningún representante de SpaceX ni de xAI habló públicamente sobre estas conversaciones. Ese silencio también comunica: cuando el cableado se está reorganizando, las compañías suelen evitar encender luces antes de tiempo.
Ahora bien, el dato que funciona como pieza clave aparece en los registros corporativos. El 21 de enero se crearon en Nevada dos nuevas entidades: K2 Merger Sub Inc. y K2 Merger Sub 2 LLC. Son sociedades de propósito específico, una especie de “cajas vacías” legales que se usan como interruptor para ejecutar fusiones o reestructuraciones sin mover de golpe toda la casa.
En otras palabras: no confirman la fusión, pero sugieren que Musk está preparando la instalación para varias alternativas.
Para entender por qué esta conversación importa, sirve una analogía doméstica. SpaceX, Tesla y xAI hoy son como tres grandes electrodomésticos conectados en tomas distintas. Cada uno consume energía, datos, talento y dinero. Una fusión sería llevarlos a un mismo tablero central, con un solo control de recursos, prioridades y presupuesto.
Si SpaceX se integra con xAI, el paquete bajo una misma corporación podría incluir el chatbot Grok, la plataforma X, los satélites Starlink y los cohetes de SpaceX. Es un combo que suena futurista, pero que tiene una lógica de infraestructura: más cerca estén los cables, más fácil es compartirlos.
Además, esa combinación abre una oportunidad que Musk mencionó en el pasado: ubicar centros de datos en el espacio. Un centro de datos, dicho simple, es un “galpón” lleno de computadoras que procesan información para la IA. Llevarlo a órbita sería cambiar el terreno. También cambiaría el problema: energía, refrigeración y conectividad se vuelven la nueva clave.
En el escenario SpaceX–Tesla, el engranaje central sería otro: el almacenamiento de energía de Tesla. Baterías a gran escala podrían alinearse con la idea de computación orbital, donde la energía disponible y estable es el primer cuello de botella. Es como querer armar un taller en el techo: antes que las herramientas, se necesita una buena instalación eléctrica.
Los números ya marcan una tendencia a compartir recursos. El año pasado, SpaceX acordó invertir 2.000 millones de dólares en xAI, según The Wall Street Journal. Y esta semana Tesla reveló otra inversión de 2.000 millones en la misma startup.
Del lado de las valuaciones, xAI compró X en una operación en la que Musk dijo que xAI fue valorada en 80.000 millones de dólares y X en 33.000 millones. SpaceX, fundada en 2002, quedó valuada en 800.000 millones de dólares en una venta secundaria, lo que la convirtió en la empresa privada más valiosa de Estados Unidos.
Reuters agrega un reloj a la escena: una fusión SpaceX–xAI podría materializarse antes de una salida a bolsa (IPO, oferta pública inicial) de SpaceX prevista para este año. Y el Financial Times mencionó la intención de Musk de llevarla al mercado en junio, aunque el propio historial del empresario sugiere que los plazos suelen estirarse.
Para el público, el impacto no se mide solo en cohetes o acciones. Se mide en servicios: cómo se integra X, qué pasa con Grok, cómo se expande Starlink, y qué tipo de “central” de datos y energía termina alimentando la IA que se usa todos los días.
Si esta fusión avanza, el interruptor no estaría en el cielo. Estaría, como casi siempre, en quién controla el tablero.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.