SpaceX ha anunciado la adquisición de xAI, la empresa de inteligencia artificial fundada por Elon Musk, y lo ha hecho con una propuesta que parece sacada de una novela de ciencia ficción con presupuesto ilimitado: centros de datos en órbita.
El comunicado, sin embargo, no incluye nada de lo que normalmente se espera en una operación de este calibre: no hay cifras, ni estructura del acuerdo, ni calendario, ni el clásico lenguaje corporativo sobre “sinergias” o “creación de valor”.
Lo único que ofrece es la intención de integrar cohetes, satélites, conectividad y modelos de IA en un único stack vertical, controlado de principio a fin bajo el paraguas de SpaceX. Y cuando una empresa anuncia una compra sin números, lo verdaderamente relevante no es lo que dice, sino lo que decide no decir.
El texto oficial está firmado por Elon Musk y se lee más como un manifiesto que como una nota de prensa corporativa. Aparecen referencias explícitas a la “libertad de expresión” y a una misión casi existencial vinculada al futuro de la civilización y de la infraestructura tecnológica. Nada de esto es casual: cuando se eliminan los detalles financieros, el foco se desplaza deliberadamente hacia la narrativa.

La intención es evidente. SpaceX no quiere que el debate gire en torno al precio de xAI, sino alrededor de por qué “es necesario” mover la computación al espacio. A esto se suma un detalle clave que altera por completo el tablero: xAI ya absorbió X en marzo de 2025. Al comprar xAI, SpaceX incorpora indirectamente una de las redes sociales más grandes del planeta dentro de su ecosistema tecnológico.
Según SpaceX, la inteligencia artificial está empezando a chocar con límites cada vez más físicos: tamaño de los centros de datos, consumo eléctrico y capacidad de refrigeración. El argumento central es que la demanda energética de la IA crece tan rápido que, a corto plazo, seguir ampliando infraestructura en tierra tendrá impactos negativos tanto en las comunidades como en el entorno.
También te puede interesar:xAI de Elon Musk lanza su API de GrokAquí aparece un subtexto muy potente: si el problema real es la energía, la ventaja competitiva ya no la define únicamente NVIDIA ni el mejor pipeline de entrenamiento, sino la capacidad de garantizar suministro energético abundante y desplegar infraestructura a gran escala. La solución propuesta es, fiel al estilo Musk, radical: mover el cómputo a un entorno donde la energía sea prácticamente constante y sobrante.
SpaceX plantea aprovechar energía solar casi continua en órbita para alimentar una constelación de satélites que funcionarían como centros de datos espaciales.
La idea no consiste en lanzar más satélites únicamente para ampliar cobertura, sino en convertir la órbita en una extensión directa de la infraestructura digital terrestre. SpaceX describe satélites capaces de actuar como centros de datos orbitales, apoyados por Starlink como red de conectividad global.
En este esquema, Starlink funcionaría como la autopista de datos, mientras que los satélites de cómputo serían algo así como racks distribuidos por encima de nuestras cabezas. Además, la compañía menciona una nueva generación de satélites capaces de conectarse directamente con teléfonos móviles sin depender de torres terrestres.
Si colocas capacidad de cómputo cerca de esa conectividad, la promesa es clara: reducir latencia en ciertos escenarios y habilitar servicios que hoy están limitados por la infraestructura. Al mismo tiempo, se abre una caja de Pandora que el comunicado evita concretar: qué tipo de cargas se subirían al espacio, si se trata de inferencia, entrenamiento, almacenamiento o una combinación de todo.
SpaceX deja claro que todo este planteamiento depende de un requisito fundamental: poner enormes cantidades de masa en órbita. El propio comunicado recuerda que incluso en 2025, un año récord en lanzamientos, apenas se colocaron unas 3.000 toneladas de carga útil en el espacio.
También te puede interesar:Elon Musk anuncia el lanzamiento de Grok 3Si el objetivo es desplegar “millones de toneladas” de infraestructura orbital, el ecosistema actual de lanzadores resulta completamente insuficiente. Aquí entra Starship, presentada como la pieza central que haría viable ese despliegue masivo. Según SpaceX, hasta ahora no ha existido un vehículo capaz de operar a esa escala.

La empresa también subraya que Starlink ya impulsó mejoras continuas en Falcon y que pretende repetir ese mismo patrón con Starship. El punto de partida sería Starlink V3, lo que sugiere que el satélite no es solo carga útil, sino parte integral del producto y del proceso de iteración.
SpaceX habla abiertamente de un ritmo objetivo de lanzamientos cada hora, con una capacidad de referencia de 200 toneladas por vuelo. Con esa cadencia, el cálculo interno apunta a la posibilidad de enviar millones de toneladas al año a la órbita.
El comunicado propone un escenario concreto: un millón de toneladas anuales de satélites, cada una generando 100 kW de potencia de cómputo, lo que sumaría 100 gigavatios de capacidad de IA por año. Esto ya no compite con un gran centro de datos, sino con la escala energética de un país.
La ambición no se queda ahí. También se plantea escalar posteriormente hacia 1 teravatio anual, un nivel que entra directamente en territorio de infraestructura civilizatoria. Aun así, la frase más agresiva llega después: Musk sugiere que en dos o tres años la forma más barata de generar computación de IA sería hacerlo en el espacio. Es una afirmación perfecta para titulares, pero también una invitación directa a exigir pruebas.
Esta integración mezcla dos mundos cuya imagen pública no encaja del todo bien. Por un lado, SpaceX se asocia a ingeniería dura, contratos estratégicos y ejecución técnica. Por otro, Grok y X arrastran críticas, especialmente por la generación de imágenes sexualizadas y problemas de control de contenido.

Si el objetivo es vender infraestructura de IA del futuro, también será necesario construir confianza, gobernanza y una narrativa de seguridad capaz de resistir el escrutinio. La falta de detalles en el anuncio deja demasiadas preguntas abiertas: qué se compra exactamente, cómo se integra y qué papel juega X dentro de ese paquete.
Con Musk nunca conviene subestimar su capacidad para convertir apuestas aparentemente imposibles en proyectos reales. Pero tampoco es prudente olvidar el reverso de la moneda: plazos que se estiran, promesas que se reformulan y deadlines que se diluyen cuando cambian las condiciones del mercado.
En el fondo, la jugada suena a la “nube definitiva”: energía solar en órbita, conectividad global y un pipeline de IA integrado de arriba abajo. Si SpaceX logra ejecutar aunque sea un 20 % de lo que insinúa, el debate sobre la inteligencia artificial dejará de centrarse solo en modelos y pasará a girar en torno a infraestructura física a escala planetaria. Habrá que esperar para descubrir qué parte era visión… y qué parte era ingeniería con fecha.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.