James Park y Eric Friedman, los fundadores de Fitbit, vuelven a la carga con una nueva start-up llamada Luffu, definida como un “sistema inteligente de cuidado familiar” que utiliza inteligencia artificial para ayudarte a vigilar la salud de los tuyos sin tener que estar encima todo el día.
El contexto no es menor. El cuidado familiar se ha convertido, para millones de personas, en un trabajo paralelo: sin contrato, sin horario y con una carga mental constante. Un informe citado en el anuncio explica que en Estados Unidos hay 63 millones de cuidadores familiares, casi uno de cada cuatro adultos, y la cifra ha crecido un 45 % en la última década. Es una tendencia acelerada.
Por eso, si estás cuidando a tus padres a distancia, coordinando médicos, medicación y rutinas, lo último que necesitas es otra app que te pida “datos, datos y más datos” para luego devolverte un gráfico bonito. Ahí es donde Luffu intenta marcar la diferencia.
Park y Friedman son bastante explícitos con su intención. Tras salir de Google hace dos años, su apuesta ahora es usar IA para reducir el caos cotidiano del cuidado familiar. Luffu arrancará como una aplicación y, más adelante, se ampliará con dispositivos de hardware.

La lógica es clara: primero entrar en el flujo diario —móvil, voz, fotos, notas rápidas— y, cuando eso funcione, sumar sensores o gadgets que automaticen aún más la captura de información. No se trata de “optimizar tu salud” como individuo aislado, sino de asumir que la salud real se vive en grupo: pareja, hijos, padres, cuidadores… y sí, también mascotas.
Hoy, la información de una familia está dispersa en un rompecabezas absurdo: portales de clínicas, calendarios, PDFs, mensajes de WhatsApp, hojas de cálculo y el clásico papel doblado en un cajón. Cuando todo está repartido, el problema no es solo encontrarlo, sino saber qué ha cambiado y qué importa ahora mismo.
Luffu apuesta por una IA que trabaja en segundo plano, recopilando y organizando información, aprendiendo patrones del día a día y señalando cambios relevantes. La idea no es que el usuario esté revisando la app constantemente, sino que el sistema avise solo cuando detecta algo fuera de lo normal.
Aquí aparece un matiz clave. Park ha explicado que no quería estar comprobando todo el tiempo cómo estaban sus padres, y que su madre tampoco quería sentirse vigilada. Esa es la línea roja: si el cuidado se percibe como control, la herramienta fracasa.
La motivación detrás del producto es profundamente personal. Park cuidaba a sus padres a distancia y tenía que reconstruir la atención sanitaria de su madre a partir de múltiples portales y proveedores, con el añadido de una barrera idiomática que le impedía obtener contexto completo y a tiempo. Cuando la información llega tarde o incompleta, las decisiones se toman peor, y en salud eso tiene consecuencias reales.
La plataforma permitirá registrar y seguir información de toda la familia: estadísticas de salud, dieta, medicación, síntomas, análisis de laboratorio y visitas médicas, entre otros datos. La promesa es que todo lo relevante viva en un único lugar, sin depender de que alguien recuerde dónde guardó “aquel informe”.

La captura de información está pensada para la vida real: se podrán introducir datos por voz, texto o fotografías. Sin embargo, el verdadero valor no está en almacenar cosas, sino en convertir datos dispersos en señales útiles.
Luffu promete vigilar cambios y generar insights y alertas, por ejemplo ante constantes vitales inusuales o alteraciones en el sueño. En lugar de mostrar históricos interminables, la intención es algo mucho más concreto: “Ojo, esto ha cambiado y quizá conviene intervenir”.
A esto se suma una capa que puede marcar la diferencia entre una app más y una herramienta cotidiana: consultas en lenguaje natural. Será posible hacer preguntas como si el nuevo plan de comidas del padre está afectando a su tensión arterial, o incluso cuestiones más domésticas como si alguien ya le dio la medicación al perro.
Eso sí, para que esto funcione, la IA tendrá que interpretar bien el contexto y ser extremadamente prudente con sus sugerencias. En salud, un falso positivo agota y un falso negativo asusta.
Los fundadores lo critican sin rodeos. El mercado actual está lleno de herramientas centradas en el individuo, cuando la realidad del cuidado es compartida y coordinada. Es una idea que conecta con la propia historia de Fitbit: primero te enganchas con “lo mío” —pasos, sueño— y luego entiendes que los hábitos se sostienen en casa, no solo en la muñeca.
Eric Friedman define Luffu como un sistema para capturar detalles conforme ocurren, mantener informados a los miembros de la familia y destacar lo importante en el momento adecuado. Menos “¿quién tiene el PDF?” y más “esto ha cambiado y conviene actuar”.

La gran prueba será la confianza. Una IA en segundo plano necesita permisos, datos y una interfaz que no haga sentir observado a nadie. Si logran ese equilibrio, Luffu puede convertirse en ese tipo de producto que no impresiona en una demo, pero te salva la semana cuando empiezan los líos médicos.
Por ahora, cualquiera puede apuntarse a una lista de espera para una beta pública limitada. Queda por ver si la IA cumple la promesa de coordinar sin agobiar… y cómo responde la competencia, porque el cuidado familiar apunta a ser el próximo gran campo de batalla de la salud digital.
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