ai.com, liderada por Kris Marszalek, llega con una promesa que suena a ciencia ficción práctica: agentes de IA privados que trabajan por ti de verdad, no asistentes que solo contestan bonito. La plataforma se presenta como ese “modo manos libres” que llevamos años pidiéndole a la IA y que, hasta ahora, casi nunca aparece cuando realmente hace falta.
El lanzamiento público ya tiene fecha marcada en rojo: 8 de febrero de 2026. Pero el detalle interesante es el timing, porque ai.com ha decidido sincronizarlo con un anuncio de alto perfil durante la Super Bowl LX en NBC, una vitrina que nadie elige para presentar un chatbot que simplemente resume correos.
El mensaje es claro: ai.com no quiere vender conversación, quiere vender acción. La idea es que tu agente organice, ejecute, conecte servicios y tome decisiones operativas dentro de los límites que tú establezcas. No se trata de hablar con una IA, sino de delegar trabajo real.
Los agentes están pensados para organizar trabajo, enviar mensajes, gestionar integraciones con aplicaciones y ejecutar tareas completas en nombre del usuario. El objetivo es que digas “hazlo” y la IA se encargue de todo el pipeline, sin que tengas que aprobar cada micro-paso como si fueras el copiloto de tu propio asistente. Justo ahí es donde la mayoría de la “IA personal” actual se atasca.

ai.com insiste en que sus agentes no solo encadenan acciones, sino que se adaptan sobre la marcha. Si falta una pieza para completar una tarea, el agente no se queda esperando instrucciones, sino que busca cómo resolverlo dentro de sus capacidades y permisos. Esa diferencia entre ejecutar scripts y resolver problemas dinámicos es donde empieza a cambiar el juego.
Aquí aparece el matiz que separa automatización de autonomía. Según ai.com, sus agentes pueden desarrollar nuevas funciones para completar lo que les pidas, en lugar de limitarse a un conjunto cerrado de atajos.
No hablamos de elegir entre opciones predefinidas, sino de que el agente sea capaz de ampliar su propio repertorio cuando se encuentra con un muro. Es como si, en vez de decir “no puedo”, se montara una herramienta a medida sobre la marcha para seguir adelante.
Esto, claro, abre una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto le permites “inventar” sin que rompa algo o se pase de listo? La clave estará en los límites: permisos bien definidos, entornos aislados y trazabilidad clara de qué hizo el agente y por qué.
A eso se suma una idea muy orientada a producto de consumo: compartir mejoras dentro de una red de usuarios. Si un agente aprende o construye una mejora útil, esa capacidad podría difundirse para que otros la aprovechen, creando una especie de “App Store de habilidades” generada por los propios agentes.
Si un agente va a enviar mensajes por ti y a tocar tus herramientas, el miedo es inmediato: la privacidad. ai.com afirma que sus agentes operan en entornos aislados y cifrados, con control total por parte del usuario.

La promesa es que tu agente no sea un cajón abierto donde todo se mezcla, sino un sistema compartimentado, con barreras técnicas pensadas para minimizar fugas y accesos indebidos. Aun así, la privacidad no es un eslogan: será clave ver cómo gestionan permisos por aplicación, logs de acciones y revocaciones rápidas cuando algo no cuadra.
Si el usuario siente que pierde el control, todo esto se queda en demo bonita. Sin confianza, no hay delegación.
ai.com no apunta a early adopters con tiempo libre, sino a usuarios cotidianos que quieren asistencia potente sin volverse técnicos. El acceso inicial será gratuito, con planes de pago que desbloquearán más capacidades y mayores límites de uso.
Es el freemium de siempre: pruebas el valor cuando funciona y pagas cuando te das cuenta de que ya dependes de ello. Pero en agentes autónomos el coste importa de verdad. Inferencia, herramientas externas y ejecuciones en cadena hacen que el compute escale rápido, así que los límites no son solo pricing: son parte del diseño del producto.
El nombre de Kris Marszalek no es casual. Es conocido por haber convertido Crypto.com en un exchange global, apoyándose en marca, expansión agresiva y presencia pública constante. Su plataforma ha invertido 70 Millones de dólares en el dominio ai.com antes del lanzamiento en el Super Bowl.
Sabe cómo empaquetar algo complejo para el gran público, justo el talón de Aquiles de muchas propuestas de IA actuales. Eso sí, el paralelismo también trae presión: en el mundo cripto hubo hype, fricción regulatoria y productos que a veces iban por delante del usuario medio.
ai.com ya habla de planes futuros con integraciones financieras y funcionalidades de marketplace, lo que eleva el listón. Si un agente puede operar con dinero, aunque sea parcialmente, la seguridad deja de ser un extra y pasa a ser el producto.
Si ai.com clava la experiencia —delegar sin pelearte con configuraciones y con autonomía real entre apps— podría convertirse en una de las primeras IAs de consumo que se sienten como “tener a alguien trabajando contigo”.
Pero la realidad siempre llega con letra pequeña: permisos, errores, responsabilidad y ese momento incómodo en el que la IA hace exactamente lo que le pediste… y te das cuenta de que pediste mal.
Me dedico al SEO y la monetización con proyectos propios desde 2019. Un friki de las nuevas tecnologías desde que tengo uso de razón.
Estoy loco por la Inteligencia Artificial y la automatización.