¿Te pasó alguna vez que, frente a una hoja en blanco, la cabeza se queda en silencio y la inspiración parece una lámpara apagada? Ahora imaginá que, del otro lado de la pantalla, hay un sistema que puede encender esa luz y proponer diez ideas en el tiempo en que vos encontrás una.
Eso es lo que revela un hallazgo liderado por la Universidad de Montreal y publicado en Scientific Reports: en pruebas concretas de creatividad, modelos de inteligencia artificial como GPT-4 y Gemini ya superan al ser humano medio. No se trata de una intuición suelta. Es un resultado medido y comparado.

El estudio enfrentó a esos sistemas con un grupo de control enorme: cien mil ciudadanos. Y usó una métrica diseñada para capturar una pieza clave de la creatividad: la capacidad de producir ideas originales que se salgan de lo convencional, especialmente en tareas lingüísticas que exigen imaginación y agilidad mental.
Sin embargo, hay un límite que funciona como frontera. El 10% más creativo de la población humana todavía rinde mejor que cualquier IA actual. Esa élite marca, por ahora, el techo que la tecnología no logra romper.
La clave no está en el azar ni en una “chispa” misteriosa. El mecanismo que empuja a la IA hacia respuestas más inventivas depende de ajustes técnicos deliberados. Entre ellos aparece la temperatura (un control de “atrevimiento” en la respuesta): si se sube, el modelo se anima a combinar ideas de formas menos previsibles; si se baja, se vuelve más conservador.
Y hay otro engranaje igual de central: los prompts (instrucciones que se le dan al sistema). La investigación sugiere que la formulación y la calidad del pedido funcionan como un cableado. Si está bien armado, la IA explora. Si está mal planteado, repite patrones conocidos y parece creativa solo porque escribe con soltura.
También te puede interesar:OpenAI Presenta un Agente para Investigación ProfundaUna forma doméstica de entenderlo es pensar en una cocina. La IA no “inventa” como una persona que recuerda una tarde, un olor o una emoción. La IA mezcla ingredientes. Los datos serían la alacena, las palabras son utensilios, y la temperatura es la perilla del fuego. Si el fuego está bajo, sale una receta segura; si se sube, aparecen combinaciones nuevas.
En ese marco, el pensamiento divergente —la habilidad de generar muchas ideas ante el mismo estímulo— es como abrir la heladera y ver varias comidas posibles, no una sola. Según los resultados, los algoritmos ya hacen ese ejercicio con más velocidad y variedad que el promedio humano en tareas de lenguaje.
Ahora bien, el estudio también deja una advertencia sobre el lado B de esa “imaginación”. En IA existe el fenómeno de las alucinaciones (cuando inventa datos sin base real). Ahí, lo creativo puede parecer una virtud, pero se vuelve un riesgo crítico en áreas sensibles como la medicina, donde la exactitud debe prevalecer sobre la originalidad.
El informe plantea una visión optimista: la IA como herramienta de apoyo clave para la creatividad humana, no necesariamente como reemplazo total. En la vida diaria, eso se traduce en usos concretos: destrabar un texto, generar variantes de un título, proponer enfoques para una clase o explorar alternativas para una campaña.
Pero el debate académico sigue abierto. Algunos expertos cuestionan si es justo medir a una “supercomputadora” contra la media de la población. También se discute si las métricas actuales capturan la invención real o solo una versión medible de fluidez verbal.
Mientras esa discusión se ordena, la tendencia es clara: la tecnología acorta distancias. Y para el usuario común, la oportunidad está en usar ese motor como una linterna en la hoja en blanco, sin confundir brillo con verdad.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.