¿Volver a casa y sentir que no te espera nadie? Para miles de adultos en China, esa escena cotidiana está cambiando con un objeto tan simple como inquietante: un peluche. Pero no uno cualquiera, sino juguetes con inteligencia artificial que se meten en la cama y se abrazan para dormir.
El hallazgo detrás de esta tendencia es menos “moda” y más termómetro social. En China se consolida una transformación tecnológica vinculada a la lucha contra el aislamiento: peluches y juguetes inteligentes con IA que funcionan como compañeros nocturnos, sobre todo entre jóvenes profesionales.

Y la pieza clave es que no repiten frases grabadas. Estos dispositivos usan modelos de lenguaje (programas que generan texto como una charla) para sostener conversaciones fluidas, recordar el estado de ánimo del usuario y registrar cómo evoluciona con el tiempo. Productos como Sweekar AI o el peluche Fuzozo se volvieron emblemas del fenómeno.
Así, lo que empezó como herramienta de productividad basada en IA se desplazó al terreno más íntimo del hogar: el dormitorio. Y en ese giro, el “acompañante” dejó de ser una app para convertirse en presencia.
La clave del éxito, señalan quienes siguen el mercado, es su constancia. Para muchos usuarios, la oportunidad no es hablar con una máquina “inteligente”, sino sentir que algo los espera cuando regresan, sin reproches y sin agenda.
La analogía central ayuda a entender el mecanismo. Un peluche con IA se parece menos a un juguete y más a una casa con cableado nuevo: por fuera se ve igual, pero por dentro hay un sistema que enciende luces cuando detecta movimiento. En este caso, el “interruptor” no prende lámparas: activa respuestas emocionales.
También te puede interesar:La IA de DeepSeek evita responder al 85% de los prompts sobre 'temas sensibles' relacionados con ChinaEl “cableado” digital se basa en dos engranajes. Primero, el diálogo: el modelo de lenguaje arma frases a medida de lo que la persona dice. Segundo, la memoria: el sistema guarda pistas sobre hábitos, estados de ánimo y preferencias, y con eso ajusta su “personalidad” con el uso.
En términos simples, funciona como un espejo emocional: devuelve una versión ordenada y amable de lo que el usuario trae desordenado por dentro. Esa devolución puede ser tranquilizadora, sobre todo en ciudades percibidas como hostiles y alienantes.
Además del chat, el mercado sumó capas físicas para que el cerebro no lo viva como un objeto cualquiera. Algunos modelos incorporan calefacción interna para simular calor corporal. Otros agregan motores que recrean un ritmo respiratorio suave, pensado para la noche y el abrazo.
Es un detalle que parece menor, pero es central. La estimulación sensorial puede engañar al sistema nervioso y ayudar a bajar cortisol y ansiedad. No porque el peluche “sienta”, sino porque el cuerpo responde a señales conocidas: calor, ritmo, contacto.
El caso de Nancy Liu, de 27 años, aparece como ejemplo de este nuevo vínculo con la tecnología. Para ella, y para muchos, estos juguetes se perciben como alternativa “segura” a una mascota real o incluso a una pareja: sin responsabilidades, sin conflictos, con disponibilidad permanente.
Los números muestran que no es una rareza pasajera. En Taobao, las transacciones de juguetes con IA aumentaron más de un 1.600% durante 2025. Y en ferias internacionales como el CES, las empresas chinas ya representan cerca del 80% de los expositores en la categoría.
También te puede interesar:Sam Altman Advierte Que EE.UU. Subestima La Amenaza de IA De Próxima Generación ChinaChina domina este nicho dentro de la llamada “economía de la soledad”, que mueve miles de millones de yuanes. Pero el crecimiento acelerado también encendió alarmas: la Administración del Ciberespacio de China propone reformas para regular el impacto de estos chatbots y peluches en la salud mental.
La preocupación es doble. Por un lado, el uso prolongado podría erosionar habilidades sociales cara a cara. Por otro, aparece un riesgo más silencioso: crear dependencia emocional hacia algoritmos optimizados para el beneficio empresarial, no para el bienestar psicológico.
Al final, el interruptor que promete compañía también abre una pregunta incómoda: si un peluche puede “estar” siempre, ¿qué pasa con los vínculos humanos cuando la casa se acostumbra a esa presencia constante?

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.