¿Te suena el teléfono con un número desconocido y, antes de atender, te queda esa duda incómoda de siempre? ¿O recibes un enlace acortado “urgente” y no sabes si es una invitación real o una trampa bien disfrazada? En internet, la desconfianza ya es parte del hábito.
Ahora, ChatGPT sumó un mecanismo nuevo: puede comunicarse con aplicaciones instaladas en tu computadora o tu celular para hacer tareas concretas. Y una de las integraciones más útiles para la vida diaria es Malwarebytes, la firma de ciberseguridad que detecta malware (programas maliciosos) y ayuda a frenar fraudes online.
Según OpenAI, estas “Aplicaciones” dentro de ChatGPT funcionan como herramientas que responden a lenguaje natural y ofrecen interfaces interactivas en el propio chat. La clave es que ya no se trata solo de conversar: el asistente puede “enchufarse” a servicios externos y traer respuestas basadas en bases de datos especializadas, como la de Malwarebytes.

En la práctica, Malwarebytes en ChatGPT opera mediante una API (puerta de conexión entre sistemas) oficial: el usuario pega un enlace, un dominio, un número de teléfono o un correo electrónico, y el chat consulta los servidores de Malwarebytes. En segundos devuelve si ese dato figura como sospechoso, fraudulento o si no consta en su base.
Es un cambio pequeño en apariencia, pero central en el uso cotidiano.
La analogía más clara es pensar en ChatGPT como una casa con una instalación eléctrica prolija. Antes, el asistente era como una lámpara: iluminaba con texto, explicaba y sugería. Con las aplicaciones conectadas, se suma un interruptor nuevo: al accionarlo, ChatGPT no “adivina”, sino que manda corriente hacia otro engranaje, en este caso la base de datos de Malwarebytes, y vuelve con una lectura del riesgo.
Y como en una casa, el cableado importa. Por eso, antes de conectar una app, ChatGPT muestra un aviso sobre en qué consiste esa conexión y los posibles riesgos. Además, de forma opcional, se puede habilitar la memoria (recordar preferencias) y el acceso al historial (usar chats previos) solo para esa aplicación.

En términos prácticos, el procedimiento es simple: en la versión web o en las apps de Windows, macOS, iPhone o Android, hay que ir a la sección “Aplicaciones”, abrir la ficha de Malwarebytes y pulsar “Conectar”. Luego se confirma de nuevo con “Conectar”.
Además, existe un atajo pensado para el apuro: en un chat, se puede escribir @ y elegir Malwarebytes de la lista (un truco rápido es teclear “M” para encontrarla). A partir de ahí, se le pide en lenguaje natural que analice el contenido pegado.
La función principal es analizar:
Si el elemento aparece en la base de Malwarebytes, el sistema lo marca como sospechoso y suele aportar pautas de cuidado. Entre los datos disponibles, puede incluir una ubicación aproximada asociada al número o dirección consultada. Si no figura en la base, también lo aclara, que es un dato útil para calibrar el riesgo.
Este tipo de chequeo sirve como primera barrera. No reemplaza el sentido común ni garantiza cobertura total: la propia dinámica del fraude hace que siempre existan números o enlaces nuevos que todavía no fueron catalogados. La ficha básica suele alcanzar para decidir si conviene cortar una llamada, no responder un correo o evitar un clic.

Y hay una pieza clave extra: si el usuario está convencido de que es una estafa, puede reportarlo desde ChatGPT para que se sume a la base de datos. Ese gesto convierte una sospecha individual en una advertencia para otros.
En un mundo de mensajes que llegan sin permiso, tener un “interruptor” a mano para revisar lo dudoso puede ser la diferencia entre la tranquilidad y el susto.

Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.