Según un reporte del Financial Times, Anthropic encontró una clave que hoy seduce a las grandes empresas: vender IA como herramienta de trabajo, no como entretenimiento. La compañía, con sede en San Francisco, acaba de lanzar Claude Opus 4.6 y lo presentó como su modelo más avanzado para consolidarse en el mercado corporativo.
El hallazgo no es solo técnico. Es comercial. Mientras OpenAI, Google y Meta empujan productos más visibles para el consumidor final, Anthropic mantuvo un perfil más bajo y se posicionó como proveedor para desarrolladores y equipos internos. Ese foco, dicen inversores, es el interruptor que le cambió el ritmo a sus ingresos y a su valuación.

Mike Paulus, exsocio de Andreessen Horowitz e inversor en Anthropic, sostiene que la empresa está bien gestionada, tiene una estructura de capital sencilla y funciona con eficacia.
Para entender por qué esta apuesta pega en el mundo corporativo, sirve una analogía doméstica. Muchas compañías trataron a la IA como si fuera un electrodoméstico nuevo: un robot de cocina que hace una receta puntual. Pero Anthropic la está vendiendo más como un tablero eléctrico: algo que no cocina por vos, pero redistribuye la energía de toda la casa para que cada ambiente trabaje mejor.
En esa lógica aparece Claude Code, su herramienta para ingeniería de software. No es solo un chat que “sugiere código”. Puede leer el código existente de una empresa, planificar tareas y ejecutarlas. Eso se acerca a las llamadas capacidades agénticas (sistemas que hacen tareas solos), una pieza clave porque ya no se trata de ayudar a escribir una línea, sino de coordinar trabajo completo.
Por eso, entre desarrolladores circula incluso el término “Claude benders”: sesiones maratónicas en las que se construyen webs o apps con asistencia sostenida. Es una imagen cotidiana, casi de taller mecánico. La IA no “piensa” como una persona, pero ajusta tuercas durante horas sin perder el hilo.
También te puede interesar:Anthropic y el Pentágono Chocan Por el Uso de Claude, su IA AvanzadaLos números explican el entusiasmo. Anthropic pasó de ingresos anuales de 1.000 millones de dólares a principios del año pasado a más de 9.000 millones a finales de 2025. Y comunicó a inversores que espera superar los 30.000 millones a finales de este año. En paralelo, cerró una ronda de financiación de unos 35.000 millones de dólares que valora la empresa en 350.000 millones.
Además, avanza hacia una salida a Bolsa (OPV), un debut que en el mercado ya se mira como probable. Doce inversores consultados ven a Anthropic como una apuesta más estable a largo plazo que OpenAI, en parte por su liderazgo sin sobresaltos: fue fundada en 2021 por exinvestigadores de OpenAI, incluidos los hermanos Dario y Daniela Amodei, y los siete cofundadores siguen activos.
Desde Lightspeed, Sebastian Duesterhoeft aportó una definición que funciona como traducción inmediata del negocio: la IA no persigue solo presupuestos de TI, “captura el gasto laboral”. Dicho en simple: la oportunidad no está en vender licencias, sino en hacerse cargo de partes del trabajo humano, de punta a punta.
Anthropic ya empezó a cablear esa expansión con plug-ins (herramientas complementarias) para áreas como legal, ventas, finanzas, marketing y atención al cliente. Y Goldman Sachs anunció una colaboración para desarrollar un agente de IA que automatice funciones internas del banco. Ese tipo de movimientos, de hecho, disparó ventas bursátiles y pérdidas de miles de millones en acciones ligadas a datos, software empresarial, publicidad y publicaciones.
Lillian Li, gestora de Baillie Gifford, dijo que la tesis parece confusa hasta que se entiende el núcleo: una IA más capaz puede sustituir o transformar gran parte del trabajo cognitivo. Para muchos inversores, la reacción del mercado fue un “momento de comprensión”.
La promesa, entonces, no es que la IA haga “todo” de un día para el otro. Es que empiece a operar como un buen sistema eléctrico: menos chispazos, menos tareas repetidas, más control de los flujos. Y para el lector que trabaja en una empresa, esa puede ser la diferencia entre apagar incendios todo el día o, al fin, volver a prender la luz donde importa.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.