El hallazgo que hoy mueve el tablero es doble: mientras Google empuja fuerte con Gemini 3 y su adopción masiva, OpenAI confirmó que incorporará anuncios en la versión gratuita de ChatGPT. Ese interruptor —pasar de “sin publicidad” a “con publicidad”— se convirtió en una pieza clave de la pelea por confianza y liderazgo.
En ese mismo mapa aparece Anthropic con Claude. La empresa lanzó Claude Opus 4.6 el jueves pasado, apenas después de que OpenAI anunciara GPT-5.3-Codex (un modelo orientado a programación). Y acompañó el movimiento con una campaña durante la semana de la Super Bowl en Estados Unidos, con un mensaje directo: “Los anuncios llegan a la IA, pero no a Claude”.
Sam Altman, CEO de OpenAI, respondió en X. Admitió que la campaña “tenía su punto gracioso”, pero fue categórico al decir que era “claramente deshonesta”. También defendió la publicidad como la vía más sencilla para democratizar el acceso: sostuvo que todos merecen usar IA y que quienes pagan Plus o Pro no verán anuncios.
Ahora bien, para entender por qué esto importa, conviene bajar la discusión a la cocina de casa. Un asistente de IA no es solo “un robot que escribe”. Es un sistema que se mete en tus decisiones chicas: qué comprar, cómo redactar un mail, qué estudiar, cómo resolver un problema del trabajo.
La analogía central es simple: una IA es como el tablero eléctrico de un departamento. Cuando todo está bien cableado, encendés una luz y la respuesta llega clara. Pero si alguien agrega un nuevo mecanismo en el medio —por ejemplo, un “cartel” que se enciende cada vez que apretás el interruptor—, la experiencia cambia, aunque la lámpara siga funcionando.
También te puede interesar:ChatGPT Finalmente Estrena Anuncios en Plan Gratis: Cómo Funcionan los Nuevos Ads de la PlataformaEso es lo delicado de la publicidad en un chat: no se siente como un banner al costado. Se siente como un engranaje dentro de la conversación. Y, para un usuario, la diferencia entre “me ayuda” y “me empuja” puede ser muy fina.
En paralelo, el otro dato duro del artículo explica por qué OpenAI ya no juega sola. Google presentó Gemini 3 en noviembre del año pasado como una evolución en razonamiento y comprensión de matices. En pocos meses, su base de usuarios activos mensuales habría llegado a 750 millones. Esa cifra revela una capacidad de expansión enorme, y el texto sugiere que todavía no tocó techo.
Según el artículo, OpenAI esperaba más ingresos por suscripción de los que finalmente obtuvo. La premisa era clara: que los planes pagos sostuvieran el servicio sin recurrir a anuncios. Pero el mes pasado la compañía confirmó que los incorporará en el ChatGPT gratuito, y ese giro fue leído por competidores como una grieta.
Anthropic aprovechó esa oportunidad para posicionar a Claude como “el chat sin interrupciones”. Altman, en cambio, contraatacó con un argumento de acceso masivo: la publicidad permitiría llevar la IA a “miles de millones” que no pueden pagar. Incluso llegó a calificar a Anthropic como una “empresa autoritaria” y la acusó de querer controlar lo que la gente hace con la IA.

Más allá del cruce, el mensaje de fondo es práctico: en 2026, elegir asistente ya no es solo comparar “quién responde mejor”. También es decidir qué tipo de central querés en tu vida digital: una que priorice gratuidad con anuncios, u otra que prometa silencio a cambio de otra forma de financiamiento.
Y si la IA va a quedarse en la mesa —como un electrodoméstico nuevo—, el detalle de dónde está el interruptor importa tanto como la potencia del motor.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.