El hallazgo llega desde Estados Unidos: la matrícula en carreras tradicionales de computación atraviesa una caída inédita desde la crisis de las puntocom. Según datos citados por el San Francisco Chronicle y el National Student Clearinghouse Research Center, las inscripciones bajaron un 6% en el último año, incluso cuando el interés por estudiar en general no se apaga.
Al mismo tiempo, la Computing Research Association aporta otra señal central: el 62% de los departamentos de informática reportan menos alumnos de grado. Y ese espacio no queda vacío. Lo están ocupando nuevas carreras centradas en inteligencia artificial, con programas que, en universidades como MIT, Universidad de Buffalo o la Universidad del Sur de Florida, ya superan expectativas de matrícula.
En el MIT, por ejemplo, “IA y toma de decisiones” ya es la segunda carrera más grande del campus. Mientras tanto, la Universidad del Sur de California y Columbia planean abrir programas específicos de IA en el próximo ciclo académico. Es un cambio de engranaje: la informática “de siempre” deja de ser la primera opción, pero no porque la tecnología se apague, sino porque cambia de forma.
Ahora, la clave está en entender por qué. La Generación Z está mirando el mapa laboral con otra linterna. Valora más la estabilidad y el propósito social. También busca áreas que percibe como menos vulnerables a la automatización, ese proceso en el que tareas humanas pasan a manos de sistemas automáticos.
Y acá aparece una analogía sencilla: durante años, estudiar computación fue como aprender a cablear una casa desde cero. Era útil y valioso, pero exigía meterse en paredes, tableros y planos. Hoy, con la inteligencia artificial como nueva “central eléctrica”, muchos estudiantes quieren aprender a usar el tablero de control y diseñar qué se enciende y qué no.
Es decir: no abandonan lo digital. Cambian el punto de entrada. La IA funciona, para ellos, como un interruptor que permite impactar más rápido en problemas concretos: salud, energía, educación, sector público.
También te puede interesar:OpenAI Presenta un Agente para Investigación ProfundaEl contraste más revelador aparece al mirar a China. Allí, las universidades integraron la inteligencia artificial como parte esencial de la formación. En muchas instituciones, los cursos de IA son obligatorios. Y casi el 60% de estudiantes y docentes usa herramientas de IA varias veces al día, una rutina que convierte la “fluidez en IA” en un requisito básico.
En Occidente, en cambio, la adaptación avanza más lenta y con resistencias internas. En UNC Chapel Hill, una reestructuración para crear una escuela centrada en IA generó rechazo en parte del profesorado. La administración activó un vicerrectorado exclusivo para el área. La discusión no es menor: para algunos docentes, la IA amenaza la educación tradicional; para otros, es la pieza que faltaba para actualizar el sistema.
La evidencia de preferencias laborales acompaña el giro. Estudios de Handshake y de la Sociedad Nacional de Académicos de Secundaria de EE. UU. muestran que los jóvenes priorizan manufactura, sanidad, educación, agricultura, construcción y especialmente el sector público. En salud, el 33% prefiere trabajar en ese ámbito, con empleadores deseados como St. Jude y la Clínica Mayo.
También cae el encanto de las grandes tecnológicas. Google, Amazon y Apple bajaron posiciones en rankings de empleadores preferidos, empujadas por temores como el “burnout” (agotamiento laboral) y la estabilidad. El 76% de encuestados por Handshake dijo haber reconsiderado sus prioridades.
La oportunidad, entonces, no es solo “estudiar IA”. Es entender dónde encaja como mecanismo: una herramienta que, bien usada, puede conectar la tecnología con trabajos más estables y con impacto visible. Como una casa bien cableada, pero pensada para la vida real de quienes la habitan.
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Directora de operaciones en GptZone. IT, especializada en inteligencia artificial. Me apasiona el desarrollo de soluciones tecnológicas y disfruto compartiendo mi conocimiento a través de contenido educativo. Desde GptZone, mi enfoque está en ayudar a empresas y profesionales a integrar la IA en sus procesos de forma accesible y práctica, siempre buscando simplificar lo complejo para que cualquiera pueda aprovechar el potencial de la tecnología.